Pelea por el segundo lugar

Patricio Navia

El Líbero, julio 4, 2017

 

Los resultados de las primarias del domingo confirmaron el predominio que ha mostrado el ex Presidente Sebastián Piñera en las encuestas de cara a las presidenciales de noviembre. El resto de los candidatos está en una reñida pelea por el segundo lugar, para ganarse el derecho a intentar levantar una alternativa anti-Piñera en la segunda vuelta.

 

Hay varias otras segundas lecturas que se pueden hacer de los resultados de las primarias. La participación fue muy superior a lo esperado. La derecha dobló su votación respecto de 2013. Por sí solo, Piñera atrajo más votos que los candidatos de la Alianza —Andrés Allamand y Pablo Longueira— en las primarias de ese año. La candidatura de Manuel José Ossandón logró sumar más votos que el Frente Amplio. Y entre los votantes tradicionales de derecha, Felipe Kast logró superar a Ossandón. Finalmente, si bien la derecha recibió una votación menor que la de Bachelet en las primarias de 2013, el millón y medio de votos que obtuvieron sus candidatos constituye una sólida base para aspirar a recuperar el sillón presidencial a fin de año.

 

Por su parte, el Frente Amplio debutó con una votación respetable, pero su apoyo está tan por detrás de la derecha, que difícilmente se constituirá en una amenaza electoral en noviembre. Aunque busca remplazar a la Nueva Mayoría como la coalición dominante en la izquierda, ésta, con su contingente de senadores y diputados que han construido bases de apoyo locales, resistirá el embate de este grupo de jóvenes voluntaristas refundacionales. Porque el FA parece olvidar que la derecha recibió cuatro votos por cada elector que participó en la primaria del nuevo grupo de izquierda, la advertencia de que “nos tienen miedo” se parece a la tierna frase infantil “soy fuerte”. Es verdad que los niños lo dicen porque se sienten más fuertes con el paso del tiempo —igual que el FA—, pero toma tiempo llegar a la adultez. Para ser viable, el Frente deberá expandir su base de apoyo incorporando a aquellos que quieren soluciones concretas y les preocupa más pagar las cuentas de fin mes que construir un nuevo modelo.

 

Con todo, la debilidad del candidato oficial de la mayoría de los partidos de la Nueva Mayoría, el senador Alejandro Guillier, hace que Beatriz Sánchez aparezca en las encuestas con posibilidades de competir por el segundo lugar y ganarse el derecho a enfrentar a Piñera en la segunda vuelta de diciembre. Sin embargo, que el segundo lugar esté abierto habla más de los problemas que ha tenido la NM para concordar un candidato único —y del poco atractivo electoral que muestran Guillier y la nominada del PDC, la senadora Carolina Goic—, que de los méritos de Sánchez como candidata. Después de todo, su votación en las primarias apenas superó la de Felipe Kast, el aspirante de Chile Vamos que terminó tercero, con un 15,4% de las preferencias del sector. Es cierto que, con 221 mil votos, Sánchez más que duplicó los que obtuvo su rival, el sociólogo Alberto Mayol; pero al comparar su resultado con el de Piñera, Sánchez obtuvo sólo un voto por cada cuatro a favor del ex Presidente.

 

Aunque las primarias son elecciones diferentes a las presidenciales, el hecho de que el candidato ganador en Chile Vamos convoque cuatro veces más seguidores que la vencedora en el Frente Amplio refleja la enorme diferencia de convocatoria electoral entre ambos. Obviamente, Piñera es mucho más conocido y Sánchez lleva menos tiempo en campaña; pero es indudable que parece haber más agua en la piscina de votantes para el mensaje de esperanza, optimismo y corrección de rumbo que ha privilegiado el ex Presidente, que para el discurso refundacional que ha promovido la candidata del Frente Amplio, para quien todo está mal y existe un antes y un después de ella.

 

Por cierto, parte del desafío del Frente Amplio es que, para aspirar a ser una alternativa, debe pasar de decir a qué se opone a articular propuestas sobre qué país piensa construir. Pero como siempre es más atractivo y fácil personificar el voto de protesta que arriesgar alienar simpatizantes, el Frente Amplio probablemente optará por mantener la estrategia de ser el vocero del “No me gusta Chile”.

 

Con todo, la carrera presidencial que ahora se inicia parece marcada por el favoritismo de Piñera y por la reñida competencia por el segundo lugar. Aunque todavía no sabemos cuántos candidatos tendrá la Nueva Mayoría, qué tan capaz será Beatriz Sánchez de seguir creciendo ahora que debe especificar qué propone (y no solo a qué se opone) ni qué otros contendores pelearán por el segundo lugar, la gran incógnita de primera vuelta parece ser quién se ganará el derecho a competir contra Piñera —y a tener la oportunidad de unir a toda la izquierda— en la segunda vuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

Mejor estar a favor de algo que en contra.