Cuando todos los otros son populistas

Patricio Navia

El Líbero, junio 30, 2017

 

No hay peor insulto para un político en Chile hoy que ser acusado de populista. Si bien eso habla bien de la poca disposición que tienen los chilenos a apoyar candidatos que prometen lo imposible, también refleja la facilidad con que algunos postulantes usan ese recurso para denostar a sus rivales. Los tres precandidatos presidenciales de Chile Vamos tienen fortalezas y debilidades evidentes, pero ninguno de ellos ha tenido una trayectoria que permita catalogarlos de populista. Cuando la palabra “populista” se estira tanto como para acusar de eso a Sebastián Piñera, pierde toda utilidad conceptual.

 

Hay pocos conceptos en la política más abusados que el de populismo. Cada vez que se quiere denostar a un rival, se lo acusa de populista. La izquierda lo usa contra políticos de derecha que enarbolan banderas nacionalistas o xenófobas. La derecha lo usa contra políticos de izquierda que prometen más gasto público sin explicar cómo lo van a financiar. Pero el concepto también es ocupado por candidatos que quieren diferenciarse de otros candidatos de su propio sector que —presumiblemente para captar más votos— adoptan posturas distintas a las que éste tradicionalmente ha defendido. Por ejemplo, si un candidato de derecha apoya el matrimonio igualitario, dice estar a favor de una nueva Constitución o promete crear un nuevo ministerio, puede ser acusado de populista por otro candidato derechista.

 

Algo de eso ocurrió en el debate presidencial del lunes. El diputado Felipe Kast acusó a sus dos rivales de proponer políticas populistas. Es más, Kast trajo al debate dos ejemplares del libro de Álvaro Vargas-Llosa titulado El estallido del populismo para regalárselo a sus rivales. Ossandón aceptó el regalo, pero no Piñera.

 

La acusación de Kast a sus rivales se entiende en el contexto de un debate marcado por las acusaciones y descalificaciones. Pero en el contexto de las posiciones que han adoptado algunos presidenciables, resultan injustificadas las acusaciones de populismo al interior de Chile Vamos. Frente a los candidatos del Frente Amplio y de la Nueva Mayoría que prometen un nuevo sistema financiero, la superación del capitalismo, un sistema de pensiones de reparto, una asamblea constituyente y la nacionalización de empresas en áreas estratégicas, las promesas que han hecho los candidatos de derecha son monumentos a la cordura.

 

Es verdad que se han extralimitado en sus promesas. El propio ex Presidente Piñera reconoce que su promesa de terminar con la fiesta de los delincuentes o cerrar la puerta giratoria a la delincuencia, hecha en 2009, fue excesiva. En esta ronda, los tres candidatos de derecha —que en general mantienen posturas similares en defensa del libre mercado— han extremado sus diferencias, caricaturizando a sus rivales. Mientras el senador Manuel José Ossandón dice que la política en Chile está secuestrada por el dinero, Piñera se presenta como la única opción para salvar al país de una situación de crisis terminal que no se condice con la realidad de estancamiento —pero ciertamente no decadencia— en la que está sumido desde que la Nueva Mayoría llegó al poder. A su vez, el diputado Felipe Kast parece creer que es el único que tiene ideas y propuestas coherentes.

 

Naturalmente, las campañas electorales tienden a generar polarización. En primarias, esa polarización se da al interior de las coaliciones. Después del 2 de julio, veremos que ella se producirá entre las coaliciones. Pero el fragor de la campaña y los legítimos esfuerzos que hacen los candidatos para diferenciarse de sus rivales no debieran llevar a caricaturizarlos con apelativos infundados.

 

Cualquiera sea el resultado este domingo, el candidato presidencial de Chile Vamos liderará un movimiento que está comprometido con el modelo social de mercado que ha permitido que Chile sea el país más desarrollado de América Latina. Cuando se les compara con las alternativas que ofrecen Alejandro Guillier o el Frente Amplio, tanto Kast, como Ossandón o Piñera representan alternativas mucho más cercanas a lo que fueron los exitosos gobiernos de la Concertación en los primeros 20 años de democracia.

 

Los tres aspirantes de Chile Vamos tienen debilidades evidentes, porque nunca existen los candidatos perfectos. Pero no se puede sugerir —y mucho menos creer— que el germen del populismo es una amenaza real al interior de esa coalición.

 

El país enfrenta desafíos complejos hacia adelante. Como el contexto regional no es conducente al crecimiento económico, el próximo Gobierno deberá redoblar esfuerzos para ponernos en el sendero del desarrollo inclusivo, con oportunidades para todos. Pero entre los desafíos y problemas que enfrenta Chile no está el temor de que la coalición de derecha caiga víctima del populismo proteccionista y fiscalmente irresponsable.