Elegir la mejor cancha

Patricio Navia

El Líbero, junio 20, 2017

 

Igual que los partidos de fútbol, las elecciones se ganan en la cancha de la campaña. Cada candidato debe buscar que los temas de campaña sean aquellos en los que él tiene más fortalezas. Porque no hay nada peor que jugar en cancha cargada a favor de un rival, un candidato que aspira a ganar siempre debiera esforzarse a que sus rivales se resignen a jugar el partido en el terreno que él prefiera.

 

Por cierto, si las encuestas pre-electorales fueran tan determinantes, los candidatos no se gastarían un dineral en campañas. Como las campañas bien hechas logran revertir tendencias iniciales, los candidatos saben que las ventajas iniciales son un factor que afecta, pero en ningún caso determina, el resultado de una elección. De lo contrario, los aspirantes a candidatos nunca optarían por entrar a una carrera en la que un rival ya posee una enorme delantera.

 

Pero si bien siempre es mejor partir la carrera en primer lugar, la incertidumbre es inevitable en las elecciones. Las sorpresas, los errores no forzados y los cambios de último minuto en las preferencias de las personas a menudo afectan el orden de llegada respecto del orden que había al iniciar la campaña.

 

Más aun, en contextos de inscripción automática y voto voluntario, las preferencias globales al inicio de la carrera importan bastante menos que las preferencias entre los votantes probables. Porque de poco sirve ir con ventaja entre aquellos que no se van a molestar en ir a votar, los candidatos saben que las encuestas no predicen bien lo que se dará el día de la elección. De hecho, cuando la votación es voluntaria, los candidatos ponen atención a sus votantes duros (aquellos que irán a votar llueva o truene) y los votantes blandos (cuyo compromiso es menor). Las campañas negativas tienden a no afectar a los votantes duros—por más que se hable de la ARCIS, los militantes comunistas no dejarán de votar por el candidato del partido—, pero sí disuaden a votantes blandos. De ahí que los candidatos que tienen un voto duro más fuerte a menudo opten por la estrategia de la campaña negativa. Si no vas a ganarte el apoyo de los votantes blandos, al menos puedes lograr que tampoco voten por tus rivales.

 

En la campaña para primarias de Chile Vamos, la enorme ventaja inicial que tenía Sebastián Piñera se ha ido acortando marginalmente. Aunque las encuestas todavía muestran que debiera ganar fácilmente el 2 de julio, el campo piñerista no puede descuidarse ni celebrar por anticipado. Como tiene mayor conocimiento y hay mayor recordación porque ya fue Presidente, Piñera aparece con más apoyo en el universo general (que incluye muchos que no se molestarán en ir a votar) que entre los votantes probables. Ni los más optimistas del piñerismo imaginan un escenario en que el ex Presidente atraiga el 80% de la votación en las primarias (como ahora parecieran señalar las encuestas). Aunque ningún observador independiente le da muchas probabilidades a que alguno de sus rivales—el senador Manuel José Ossandón o el diputado Felipe Kast— dé la sorpresa ese día, una victoria poco holgada de Piñera, o una participación muy baja, produciría más sonrisas en el mundo de la centroizquierda que en la derecha.

 

En las dos semanas que restan para la votación, los candidatos se jugarán todas sus cartas para mejorar sus chances de lograr sus objetivos: Ossandón buscará acercarse a Piñera y Kast aspirará a superar a Ossandón en el segundo lugar. Para optimizar sus posibilidades, los candidatos debieran intentar llevar el debate a la cancha que les resulta más conveniente. Kast debiera centrar el debate en propuestas de políticas públicas y renovación generacional, sus principales fortalezas. Ossandón, que ha trastabillado en discusiones sobre detalles de políticas públicas, deberá centrar su mensaje en la cercanía con la gente más que en su experiencia como alcalde de Puente Alto. Después de todo, la primaria no es para escoger un candidato a alcalde de Chile, sino a Presidente.

 

Como ex Mandatario, Piñera debiera centrarse en su capacidad de gestión, su experiencia y equipos. Pero como algunos de sus ex ministros han sido salpicados por casos de corrupción y él mismo está bajo sospecha de no poder separar la política de los negocios, a Piñera no le conviene que esta campaña se torne en una competencia por quién es el más probo o el que tiene una hoja de vida más limpia. Después de todo, los chilenos quieres líderes que hagan bien el trabajo, no andan buscando un santo para La Moneda.

 

Equivocar la estrategia y optar por jugar el partido en una cancha que resulta conveniente para el rival aumentará las posibilidades de que la noche del 2 de julio, los chilenos que se animen a votar en las primarias de la derecha actúen de forma distinta a lo que hasta ahora vienen prediciendo las encuestas.