Para ser candidato atractivo, no basta con no ser Guillier

Patricio Navia

El Líbero, junio 9, 2017

 

interior de la Nueva Mayoría parece consolidarse el consenso de que Alejandro Guillier no va a poder montar una campaña competitiva contra el ex Presidente Sebastián Piñera. Pero el senador sigue siendo candidato porque esa coalición no parece encontrar una alternativa que les dé esperanzas de seguir en el poder después de marzo de 2018. Resignados a repetir el escenario de marzo de 2010 —cuando Bachelet le entregó la banda presidencial a Piñera—, la Nueva Mayoría parece también resignada a que Guillier solo aglutine apoyos suficientes para asegurar una buena representación de la centroizquierda en el Congreso.

 

La candidatura del senador independiente ha sido una decepción. En el papel, el ex lector de noticias parecía un gran candidato. Cuando su nombre comenzó a circular a fines de 2016 como una alternativa a Ricardo Lagos, entonces favorito para quedarse con la nominación, Guillier subió como espuma. Y como la operación para posicionar al ex Presidente PPD como candidato fue montada desde las elites tradicionales de la Concertación, Guillier atrajo el apoyo inmediato de las bases que ya creían muerta a esa coalición y que aspiraban a seguir en el camino de las transformaciones estructurales que impulsó la Presidenta Bachelet.

 

Como el senador de Antofagasta y sus aliados no lograron entender que la causa de su rápido crecimiento era precisamente la presencia de Lagos en la carrera, el movimiento anti-Lagos terminó por convencer al Partido Socialista de la necesidad de realizar el parricidio y bajar al ex gobernante. Con Lagos fuera de carrera, los partidarios de Guillier creyeron que tenían la carrera corrida hacia la nominación. Pero cuando ya no se justificaba apoyar a alguien que pudiera frenar a Lagos, Guillier debió demostrar que tenía méritos propios para asegurar la candidatura de la coalición. Sin embargo, desde entonces el ex conductor de noticias se ha estancado en las encuestas. Guillier era más atractivo, pero aparentemente no logra convencer a los votantes de centroizquierda de que está preparado, y tiene ganas y energía para ser Presidente.

 

La irrupción de la periodista Beatriz Sánchez desde la izquierda y la proclamación de la senadora Carolina Goic por el PDC reflejan que hay poca convicción —e incluso descontento— en las filas de la centroizquierda con el liderazgo de Guillier. Pero así como a él no le bastó con no ser Lagos para asegurar la candidatura de la Nueva Mayoría y posicionarse como una amenaza a Sebastián Piñera, el favorito para ganar la elección, a Sánchez y Goic no les va a bastar con no ser Guillier para arrebatarle el segundo lugar al senador pro Radical.

 

La candidatura de Sánchez está en la encrucijada de mantenerse como un adolescente principista, o aceptar la pragmática necesidad de salir a buscar votos hacia los moderados. Como el Frente Amplio se construye sobre la novedad y sobre el imposible mensaje de que, a diferencia de todos los políticos, ellos son puros y castos, es improbable que Sánchez opte por moverse hacia el centro. Si intenta hacerlo, sus propios aliados —que se ganaron su reputación liderando marchas y tomas— la forzarían a recular. De ahí que la candidatura del Frente Amplio aspire, aunque lo niegue, a mejorar el 20% que obtuvo Marco Enríquez-Ominami en su carrera independiente de 2009.

 

Aunque en el papel debiese tener más espacio para crecer, la candidatura de Carolina Goic, la senadora DC por Magallanes y presidenta de ese partido, no ha logrado levantar. Ella tiene una convicción ciega de que llegará a noviembre, pero no parece convencida de poder ganar. De hecho, su candidatura se ha convertido en una demostración de voluntad de llegar a la papeleta, más que en un esfuerzo por atraer votantes. En parte, esa actitud se explica porque hay varios legisladores o candidatos de su partido que, pensando en sus propias chances de llegar al Congreso (o mantener sus escaños), parecen creer que es mejor perder con Guillier que llevar a Goic y arriesgar una humillación electoral. Pero aun si la DC estuviera ordenada y comprometida con su candidata, la senadora igual tendría problemas para convencer al electorado de que ella está pensando más en lo que necesita la gente que en lo que le conviene al partido.

 

Tanto Sánchez como Goic están cometiendo el mismo error que Guillier cuando entró a la carrera presentándose como una alternativa ante Lagos. Porque la salida de éste eliminó el principal argumento que tenía Guillier para ser candidato, Sánchez y Goic deberían aprender la lección de que no basta con no ser el candidato inviable para consolidar una candidatura viable. Porque una candidatura exitosa requiere una hoja de ruta sobre el país que se quiere construir —y no solo un rechazo a otra candidatura—, Goic y Sánchez deberán rediseñar sus estrategias si pretenden competir seriamente por pasar a segunda vuelta.