La candidatura de Ossandón

Patricio Navia

El líbero, junio 6, 2017

 

La candidatura presidencial del Manuel José Ossandón ha dejado en claro las fortalezas que han hecho del senador derechista el principal desafiante del ex Presidente Piñera en el sector. Pero también ha hecho evidentes sus debilidades. A menos que el ex alcalde le dedique más tiempo a corregir sus debilidades que a potenciar sus fortalezas, su candidatura de 2017 no pasará de ser un saludo a la bandera.

 

El ex alcalde de Pirque (1992-2000) y Puente Alto (2000-2012) se consolidó como el enfant terrible de la derecha cuando, contra todo pronóstico, derrotó al ex candidato presidencial Laurence Golborne y se convirtió en senador por Santiago Oriente, la más preciada de las circunscripciones del país para la derecha chilena.  En el Senado, Ossandón no ha podido brillar como lo hizo desde la alcaldía de Puente Alto. Además de que es difícil ser parlamentario de minoría cuando la mayoría oficialista lo controla todo y pasa máquina, él es mucho más un gestor que un experto en la cocina política. Con todo, su decisión de buscar la primera magistratura da muestra de su fuerza, voluntarismo y, por cierto, de su lugar expectante en las encuestas de opinión pública como el segundo liderazgo que tiene el sector.

 

Habiendo renunciado a RN  para evitar que el partido le aplicara la ley anti-díscolos y le prohibiera ser precandidato—, Ossandón sorpresivamente aceptó participar en las primarias presidenciales de Chile Vamos del 2 de julio después de haber reunido las 40 mil firmas que le permitían ser candidato independiente en noviembre. Al haber aceptado competir contra el ex Presidente Piñera y el diputado de Evopoli Felipe Kast, Ossandón corría varios riesgos. Para seguir avanzando, deberá ganar una elección donde votan fundamentalmente las personas que se identifican con la derecha y, en particular, con Chile Vamos. Como su principal apoyo está entre los independientes, y como las primarias siempre convocan pocos independientes, Ossandón aprovechó seguir por el camino difícil en vez de optar por ir directamente a la primera vuelta de noviembre.

 

Desde que se inició la campaña para las primarias, Ossandón ha centrado su mensaje en tres elementos simples y poderosos. A diferencia de Piñera, él no está involucrado en escándalos. A diferencia de Piñera y Kast, él conoce la calle mucho mejor, porque ahí hizo su carrera política. A diferencia de sus rivales, Ossandón es firmemente de derecha y se mueve por sus convicciones, no por las encuestas.

 

Pero no ha sido igualmente certero en articular respuestas a sus debilidades. Si bien correctamente ha repetido que los Presidentes no deben ser expertos en todo, sino que deben ser los capitanes del barco que marcan el rumbo y mandatan a sus equipos para avanzar en la dirección correcta, Ossandón no ha sido capaz de articular equipos que anticipen qué tipo de Gobierno liderará.  Peor aun, ha sido incapaz de convertir ese aparente desprecio que le tiene la elite por su falta de educación formal en una herramienta que le permita capitalizar el desprecio que siente el chileno medio por esa elite que le pone más atención a París, Macron, Washington y Trump que a los persistentes problemas de pobreza y exclusión que siguen afligiendo a las comunas marginales de Santiago y a las regiones.

 

Ossandón tampoco ha sido lo suficientemente claro respecto de por qué aspira a ser Presidente. Su mensaje buscando diferenciarse de Piñera a partir de la probidad tiene poca resonancia pública. Por más que haya puristas en la izquierda y la derecha que creen que la probidad debiera ser un requisito necesario (e incluso suficiente) para ocupar un cargo de elección popular, la gente siempre prefiere escoger a un político mejor preparado, aunque esté manchado por acusaciones de irregularidades, que a uno demostrablemente probo que tal vez no dé el ancho cuando le toque ejercer el poder.

 

Sorpresivamente, Ossandón también ha sido poco frontal en la defensa de sus principios y valores conservadores. Si bien ha afirmado, correctamente, que hará respetar la ley en caso de ser Presidente, no ha sido lo suficientemente firme indicando que usará el soft power que tiene La Moneda para promover sus valores. Así como Bachelet ha impulsado un proceso constituyente o Piñera declaró que la educación era un bien de consumo, Ossandón debería aprovechar su tribuna para defender la familia y todos esos otros valores conservadores que comprensiblemente espantan a los liberales, pero que tienen más resonancia en el resto del país.

 

Precisamente porque los chilenos quieren que haya políticos que digan lo que piensan, aunque eso haga que pierdan votos, Ossandón debiera olvidarse de tratar de convertirse en algo que no es y volver a la estrategia que le permitió ser el político mejor evaluado de la derecha, ser tal cual es él.