En qué se equivocó Lagos

Patricio Navia

El Líbero, abril 14, 2017

 

Después de haber sido un Presidente transformador que llevó a la izquierda exitosamente de regreso a La Moneda, Ricardo Lagos fracasó dos veces en su intento por volver al poder. Si a fines de 2008 estableció exigentes condiciones que los partidos de la entonces Concertación no aceptaron, la más reciente aventura presidencial de Lagos, iniciada a fines de 2016, terminó hace unos días en un fracaso estrepitoso. En ambas ocasiones, el ex Presidente no supo leer adecuadamente el escenario político. En esta última entró demasiado temprano a la carrera y se retiró antes de tiempo. Además, Lagos equivocadamente se concentró en buscar el apoyo de los partidos, en circunstancias que los partidos son más un pasivo que un activo en el camino por ganar el apoyo popular.

 

Nadie puede cuestionar la importancia de Ricardo Lagos en el proceso que culminó con la recuperación de la democracia y en los 20 años de gobiernos concertacionistas. Fue el primer izquierdista en volver a La Moneda después del traumático final del Gobierno de Allende en 1973, y a diferencia de él, Lagos culminó el suyo con éxito y con altos niveles de aprobación popular. Si bien sus detractores se han esmerado en destacar los aspectos negativos de su legado, Chile fue un mucho mejor país después del sexenio de Lagos. Su éxito explica también, por cierto, la victoria de Michelle Bachelet en 2005.

 

Pero fue precisamente el éxito de su período lo que terminó por obnubilar al ex Presidente. A fines de 2008, Lagos estableció una serie de condiciones a los partidos de la Concertación antes de lanzar su candidatura. Entre ellas, pedía derecho a influir sobre la plantilla de candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados. Los partidos rechazaron las condiciones de Lagos y él decidió no ser candidato. Como la entonces Presidenta Bachelet no había promovido ningún liderazgo presidencial en su gabinete, la Concertación debió recurrir al ex Presidente Frei. El fracaso de esa aventura significó la victoria de Sebastián Piñera en enero de 2010.

 

Ahora, a los 79 años de edad, Lagos intentó construir una candidatura presidencial pensando más en los partidos que en el electorado que eventualmente debería votar por él. Al anunciar su postulación a fines de 2016, cuando el Gobierno de Bachelet completaba más de un año sin ser capaz de tomar el control político del país, Lagos buscó llenar un vacío político evidente al interior de la coalición de centroizquierda. Pero su decisión ignoró el hecho evidente de que la gente todavía no estaba pensando en la próxima elección presidencial. Los partidos oficialistas, naturalmente, estaban preocupados de que la impopularidad de Bachelet dificultaba el camino para que la Nueva Mayoría se mantuviera en el poder. Pero la oferta que Lagos hizo a los partidos carecía de un elemento esencial: para que ellos se entusiasmaran con su candidatura, el ex Presidente debía tener alto apoyo en las encuestas.

 

Consciente de su impopularidad, Lagos hizo todos sus esfuerzos para subir en las mediciones de opinión, pero su mensaje de propuestas concretas no tuvo llegada ante un electorado que estaba poniendo poca atención al proceso y que parecía más interesado en ver rostros nuevos que en escuchar propuestas. Equivocadamente, Lagos (y también el PS) creyeron que era imposible que subiera en las encuestas. Por eso, el PS se decidió finalmente a apoyar al senador Alejandro Guillier y Lagos optó por bajar su candidatura.

 

Pero las encuestas son dinámicas, no estáticas. A diferencia de Guillier o Beatriz Sánchez, Lagos no subía en las encuestas porque no era novedoso. Así como algunos candidatos suben rápido, pueden caer rápido. Es más, de poco sirve aparecer arriba en las encuestas cuando faltan siete meses para la elección, lo importante es estar arriba el día de la votación. El gran error del PS fue creer que las encuestas son estáticas o que las tendencias son unidireccionales. El partido optó por proclamar a Guillier porque es el candidato mejor posicionado. Probablemente el PS deberá repensar su proclamación si en dos meses cambia el orden de preferencias y aparece algún otro candidato mejor posicionado que el senador.

 

El gran error de Lagos, en cambio, fue su focalización en conseguir el apoyo de los partidos y el extemporáneo lanzamiento de su candidatura. Porque definió a los partidos como su público objetivo, el irrelevante rechazo del PS a su candidatura fue un golpe de gracia a su candidatura. Además, porque los chilenos todavía no están pensando seriamente en la elección—y por lo tanto no están evaluando responsablemente a quién ven más calificado para ser Presidente, momento en el que los atributos de Lagos pesarán mucho más—, el líder socialista entró y salió de la carrera presidencial antes de que la gente pensara seriamente a qué persona apoyarán para dirigir los destinos del país.