¿Matar al padre o verlo suicidarse?

Patricio Navia

El Líbero, abril 11, 2017

 

La decisión del Partido Socialista de nominar como su candidato presidencial al senador Alejandro Guillier en vez del ex Presidente Ricardo Lagos ha sido interpretada como un momento en que una generación de políticos más jóvenes mata al padre. Después de todo, Lagos lideró el retorno del socialismo a La Moneda en marzo del 2000, después del trágico fin del Gobierno socialista de Allende en 1973. Pero la decisión de Lagos de bajar su candidatura presidencial resulta ser más bien un caso en que el padre se suicida cuando se formaliza el rechazo de un hijo que hace tiempo ya se había alejado de él.

 

La decisión del PS causó más impacto que sorpresa. Era evidente que la candidatura de Lagos no generaba entusiasmo en las filas socialistas. Para algunos, era un mal candidato por sus posturas amigables con el mercado y porque, después de todo, los empresarios quedaron más felices con el sexenio de Lagos que los militantes socialistas que nunca han terminado de aceptar el modelo neoliberal como la hoja de ruta a la que debieran adscribir. Para otros, el poco entusiasmo con Lagos se explicaba por una razón pragmática: las encuestas muestran que no ha sido capaz de sintonizar con la gente.  Hasta hace algunas semanas, las mismas encuestas mostraban que Guillier era más competitivo electoralmente. Luego, independientemente de las posturas que fuera a tomar cada candidato, la alternativa más atractiva parecía ser la del senador por Antofagasta.

 

Es difícil articular argumentos contra los que se oponían a Lagos por razones ideológicas. Nadie puede negar que las políticas que promovió Lagos en su sexenio estaban más cerca del consenso de Washington que de los ideales históricos del socialismo. Si bien en los 90 el PS abrazó oficialmente posturas neoliberales moderadas, las posiciones históricas del partido —y las que son más populares entre los militantes hoy— tienen poco que ver con esas banderas. De ahí que para los principistas ideológicos de izquierda en el socialismo, apoyar a Lagos nunca iba a ser una opción razonable.

 

Pero resulta fácil destruir el argumento de los PS que decidieron apoyar a Guillier por razones pragmáticas. Es verdad que Lagos no marca en las encuestas, pero hoy por hoy el senador no es lo suficientemente competitivo contra Piñera. Nada hace pensar que Guillier vaya a revertir su estancamiento en las encuestas. La poca experiencia que tiene haciendo campañas y el fuego amigo que está recibiendo desde el centro por parte del PDC de Goic y por la izquierda, por parte del Frente Amplio y (muy pronto) Beatriz Sánchez, no ayudarán a consolidar esa improvisada y amateur candidatura presidencial. Si el PS quiere mantenerse en el poder y está dispuesto a matar al padre para hacerlo, al menos debería apostar por un candidato que aparezca mejor aspectado de lo que hoy aparece Guillier.

 

Sea como fuere, al apoyar a Guillier, el PS demostró su voluntad por matar al padre. Pero eso no significa que haya tenido la capacidad de matar a Lagos. El ex Presidente lanzó su candidatura sabiendo que no marcaba en las encuestas. Es verdad que cuando Lagos se tiró a la piscina, Guillier tampoco estaba en el radar. Pero era evidente que Lagos no iba a generar entusiasmo inmediato en un electorado que todavía no está poniendo mucha atención a la campaña presidencial. Él estaba apostando a que, cuando la gente comenzara a poner atención, optarían por casarse con el candidato que les ofrecía una mejor vida y no con el que ofreciera una mejor fiesta de matrimonio.

 

Por eso, resulta sorpresivo que Lagos haya renunciado a su candidatura presidencial justo después de que el PS actuara, una vez más, de forma irresponsable. Al apoyar a Guillier, el PS confirma que está más preocupado de mantener pegas que de defender principios. O bien, si el PS abandonó a Lagos por los principios neoliberales que ha defendido el ex Presidente, el PS acaba de anunciar un dramático e irresponsable giro hacia la izquierda en un momento en que América Latina se está alejando de ella.

 

Al anunciar que se retira de la carrera, o bien Lagos por primera vez se da cuenta de que no marca en las encuestas o simplemente olvidó que su estrategia original era prepararse para ser la alternativa razonable cuando la gente empiece a poner más atención a la campaña y reflexione seriamente sobre cuál de los candidatos en carrera puede dirigir mejor los destinos del país.

 

Ahora que ha optado por suicidarse después de que el PS hiciera un vano intento por matarlo —después de todo, la decisión del PS difícilmente cambiará las posiciones relativas de los candidatos actualmente en carrera—, Ricardo Lagos nunca podrá saber si los chilenos hubieran querido que él retornara al poder. Porque se bajó del escenario antes de que llegara el público, Lagos terminó por suicidarse antes de arriesgarse a saber si sus hijos efectivamente hubieran tenido ganas de apretar el gatillo en las urnas.