Guillier se pasa a la oposición

Patricio Navia

El Líbero, marzo 17, 2017

 

El senador Alejandro Guillier, aspirante a candidato presidencial de la Nueva Mayoría, parece haber dado un giro en su estrategia electoral. Después de haber repetido que pretendía ser el candidato de la continuidad de las reformas de la Presidenta Bachelet y un líder de transición entre la vieja y la nueva generación, está adoptando una postura más crítica hacia el Gobierno. Aunque siempre es tentador pegarle a un Gobierno impopular, Guillier difícilmente podrá competir con los otros candidatos de oposición ya instalados. Peor aún, al criticar a Bachelet, arriesga ahuyentar simpatizantes de izquierda sin sumar muchos nuevos adherentes.

 

Desde sus inicios, la carrera política de Guillier ha estado ligada a la de Michelle Bachelet. Su primera irrupción politica pública se produjo en 2006, cuando apareció junto a ella criticando la actuación de Carabineros en las protestas estudiantiles de ese año. El periodista fue electo al Senado en 2013, aprovechando la ola de popularidad que llevó a Bachelet a su victoria. En sus tres años en la Cámara Alta ha votado a favor de todas las reformas y, al menos públicamente, no ha mostrado discrepancias con las prioridades del Gobierno ni con el contenido de las reformas.

 

En sus declaraciones públicas, Guillier incluso llegó a identificarse como continuador del legado de Bachelet. En el discurso de proclamación de su candidatura a comienzos de enero, se definió como aliado de la Presidenta, diciendo que “convocó al país a que juntos inauguráramos un nuevo ciclo político, social y económico”. Definiendo su domicilio ideológico en la izquierda y fustigando duramente al ex Presidente Piñera y a su legado, Guillier defendió la hoja de ruta de las reformas que ha impulsado el Gobierno actual.

 

Es cierto que, en entrevistas anteriores y posteriores, el senador se ha definido también como un puente entre quienes hicieron la transición y las nuevas generaciones. Pero lo ha hecho desde una perspectiva que apunta a profundizar las reformas más que a frenarlas. De hecho, Guillier parece especialmente entusiasmado con la irrupción de líderes jóvenes que han sido bastante críticos de la estrategia de diálogo y consenso promovida por la Concertación. Al ofrecerse como un líder de transición entre lo viejo y lo nuevo, daba a entender que compartía las críticas contra la Concertación de esos jóvenes líderes.

 

De ahí que resulta sorpresivo que Guillier aparezca ahora articulando una crítica al Gobierno de Bachelet, sugiriendo que el país está paralizado y denunciando que la reforma educacional no ha funcionado. Es cierto que también acusó a la Presidenta  de haber gobernado desde arriba, sugiriendo que él gobernaría desde abajo, desde la gente (como si gobernar no supusiera una distancia insalvable entre las autoridades que toman decisiones y la población que se ve afectada por esas decisiones). Pero esa declaración de que el Gobierno de Bachelet se olvidó de la gente no esconde el hecho innegable de que Guillier articula una crítica mucho más profunda al Ejecutivo de su aliada y de la coalición de la que él ha sido un disciplinado y leal miembro.

 

Al juntar esta crítica con otras que ha hecho sugiriendo que se debe dialogar y negociar con la oposición, Guillier parece estar en sintonía con lo que dice la derecha y con las posturas de aquellos que todavía defienden la lógica imperante en los años de la Concertación. Pero como el senador por Antofagasta también reclama que el Gobierno se olvidó de gobernar con la gente, la crítica puede ser interpretada como una denuncia de que Bachelet abandonó sus banderas de reformas profundas.

 

Ahora bien, el hecho de que Guillier haya dicho que Perú, Ecuador y Bolivia nos han sacado ventaja resulta paradigmático. Si bien Perú crece más que Chile, Ecuador y Bolivia están en recesión. Además, mientras Perú sigue firme en el camino de reformas de libre mercado, Ecuador y Bolivia llevan 10 años promoviendo políticas estatistas. Sería útil que Guillier aclare si prefiere el modelo peruano, o el boliviano y ecuatoriano.

 

Con todo, y aunque sus declaraciones sean contradictorias respecto de lo que él quiere hacer, Guillier parece haber decidido alejarse del Gobierno para convertirse en un candidato más de oposición a Bachelet. Si opta por hacer oposición desde el centro, deberá competir en una cancha que ya tiene varios contendientes. Si en cambio, el senador opta por correrse a la izquierda, tendrá la cancha más despejada, pero habrá menos votantes interesados en apoyarlo. Cualquiera sea el camino que escoja, su decisión de convertirse en un candidato de oposición después de haberse declarado continuador de las reformas de Bachelet refleja un comportamiento errático que alimentará dudas sobre qué tan preparado está Guillier para ser Presidente de la República.