Guillier golpea la mesa a los partidos de la Nueva Mayoría

Patricio Navia

EL Líbero, marzo 10, 2017

 

Ante las crecientes dudas sobre el camino que seguirá la Nueva Mayoría para escoger a su candidato presidencial, el senador Alejandro Guillier salió a golpear la mesa, advirtiéndoles a los partidos de la coalición que, de no realizarse primarias, él no será candidato en la primera vuelta de noviembre. Al condicionar su candidatura a la realización de primarias, el hasta ahora candidato mejor posicionado de la centroizquierda ha desafiado a los partidos de la Nueva Mayoría a disciplinarse en torno a su liderazgo o arriesgar quedarse sin candidato.

 

En una entrevista realizada ayer en radio La Clave, Guillier directamente advirtió que “si no hay primarias, no voy a primera vuelta, porque se acabaría la Nueva Mayoría”. Su declaración asociando el futuro de la NM a las primarias es especialmente sorprendente, porque lo pone en un curso de colisión con lo que hasta ahora parece ser la voluntad de los partidos. Ya que parecen más interesados en explorar la posibilidad de llegar con candidatos propios a primera vuelta —o al menos esperar hasta agosto para decidir si entonces deciden apoyar al que vaya mejor posicionado—, la frase de Guillier pone presión a los partidos para explicitar sus estrategias.

 

Resulta razonable que Guillier quiera realizar primarias para escoger al candidato de la coalición. Como va liderando las encuestas de su sector por amplio margen, quiere amarrar la nominación ya. Sus rivales necesitan tiempo para intentar alcanzarlo. Si no se realizan primarias, la senadora Carolina Goic, el ex Presidente Ricardo Lagos o cualquier otro aspirante de la coalición centroizquierdista tendrá más tiempo para poder alcanzar al senador por Antofagasta. Nada asegura que vayan a ser exitosos, pero cuando se está perdiendo el partido, es mejor tener más tiempo para revertir el resultado que verse presionado por el reloj.

 

Resulta extraño que Guillier haya planteado de forma tan burda un desafío a los partidos de la Nueva Mayoría. En vez de ejercer presión para que realicen primarias, decidió condicionar su propia candidatura presidencial a que las haya. El argumento de que la NM se acaba si no hay primarias —o si hay más de un candidato— resulta poco creíble. La NM bien puede llegar a las elecciones de noviembre con más de un candidato, de la misma forma que la Alianza compitió en 2005 con dos abanderados presidenciales.

 

Es más, no queda para nada claro que sea más conveniente para la NM tener primarias que presentarse con varios candidatos presidenciales en noviembre (o decidirse por un nombre de consenso antes de que se cierre la inscripción en agosto). Hay costos y beneficios —y bastante incertidumbre— asociados a las distintas estrategias disponibles. Si la NM duda de la viabilidad de Guillier, es mejor esperar hasta agosto para inscribirlo como candidato de consenso que amarrarse a su candidatura demasiado pronto. Como es cada vez más improbable que haya primarias para escoger a los candidatos a senadores y diputados, los partidos van a querer mantener todas las cartas de negociación de cara a la inscripción de postulantes al Congreso. Dado el nuevo sistema electoral, la cuota de género y las nuevas reglas de financiamiento, la mayor incertidumbre sobre quién será electo al Senado y a la Cámara de Diputados convierte a la nominación del candidato presidencial en una valiosa carta de negociación. Después de todo, si para agosto hay pocas posibilidades de que la NM se pueda mantener en el poder, los partidos estarán más que dispuestos a negociar el apoyo a un candidato presidencial inviable a cambio de mejores cupos parlamentarios.

 

De ahí que la advertencia con tono de amenaza de Guillier resulte una jugada muy riesgosa. Como uno nunca debiese amenazar con un castigo que no está dispuesto a ejecutar —menos si termina siendo más doloroso para el que amenaza—, el senador se ha puesto en un lugar complejo.  Como resulta improbable que así lleve a la NM a comprometerse a realizar primarias, Guillier se encontrará ante la compleja decisión de tener que renunciar a ir a primera vuelta en noviembre o tragarse su bravata, con los costos de credibilidad que eso implica.

 

En cualquiera de los dos casos, el efecto de sus declaraciones de ayer será mucho más costoso para sus propias aspiraciones presidenciales que para una NM que ya ve la elección de noviembre como una campaña cuesta arriba y que, si bien reconoce en Guillier a su mejor candidato, no tiene garantías de que pueda ser competitivo contra Piñera. Así las cosas, la NM probablemente decida ignorar la amenaza del senador a sabiendas de que, si no hay primarias, igual será candidato presidencial en noviembre en tanto sea competitivo contra Piñera.