Las propuestas de Guillier

Patricio Navia

El Líbero, enero 10, 2017

 

En su discurso de proclamación como candidato del Partido Radical a la Presidencia de la República, el senador Alejandro Guillier esbozó algunas ideas sobre lo que sería su gobierno. Aunque centró su discurso en el mensaje de escuchar a la gente y gobernar con la gente, las propuestas más específicas subrayan un interés por hacer crecer al Estado y por impulsar el crecimiento desde el Estado, una idea que ha sido probada varias veces y que nunca funcionó.

 

Como comunicador y experimentado hombre de la televisión, Guillier es un gran orador. Su discurso es simple, su mensaje es claro y la forma de presentarlo transmite confianza y seguridad. Desde la perspectiva comunicacional, su discurso fue impecable. El senador es un gran candidato. Como su imagen combina a la perfección el hecho de ser conocido y generar confianza, con la frescura de no haber sido parte de la clase política que ha gobernado al país desde 1990, Guillier les saca ventaja a los políticos tradicionales por ser novedoso. y les gana a los rostros más jóvenes al irradiar experiencia y serenidad.

 

El contenido del mensaje, no obstante, está menos desarrollado que la imagen que proyecta el senador. Aunque todos los candidatos privilegian declaraciones de buena intención con las que difícilmente alguien podría estar en desacuerdo, Guillier abusó en su discurso de las generalidades y evitó explicitar cuáles reformas impulsará. Por ejemplo, al criticar al sistema de pensiones y a las AFP no especificó si buscaría avanzar hacia un sistema mixto con un pilar solidario (de reparto) más significativo. Lo único concreto que dijo sobre el tema fue que aspiraba a que una cantidad mayor de los recursos que manejan las AFP sean invertidos en Chile (incluyendo la capitalización de Codelco). Pareciendo no entender la necesidad de poner huevos en distintas canastas, Guillier quiere invertir más dinero de las pensiones en Chile. De igual forma, al sugerir que todos los chilenos debieran tener una pensión equivalente al sueldo mínimo, se apropia de una demanda popular. Pero al igual que la promesa de gratuidad en 2013, el compromiso de Guillier no pasa de un voluntarismo bien intencionado imposible de financiar.

 

En lo que pudo ser un momento de improvisación, Guillier reconoció que estudió sociología porque no era muy bueno para los números. Curiosamente, el senador ubicó a la sociología en el campo de las humanidades (cuestión con la que muchos sociólogos discreparán). Pero confirmando su poca habilidad con las ciencias económicas, insistió en promover un modelo de desarrollo hacia adentro, que incentive la producción nacional de los bienes que se consumen en Chile. Aunque es verdad que esa política está en boga en el mundo actual (partiendo por los tweets del Presidente electo estadounidense, Donald J. Trump), la evidencia es concluyente respecto a lo poco conveniente que resulta oponerse a la globalización y promover la industria nacional en áreas donde tenemos pocas ventajas comparativas.

 

Con críticas ácidas —aunque imprecisas— al gobierno de Piñera, que definió como “bursátil”, Guillier buscó ubicarse en la vereda de los candidatos que creen que el país avanza en la dirección correcta y se necesitan reformas como las que impulsó Bachelet. Pero sabiendo que la Presidenta es impopular, Guillier también buscó distanciarse de la forma en que ella ha implementado sus reformas. Caminando una delgada línea de defensa de las banderas de reforma sin defender las reformas específicas, Guillier modificó el apoyo a la gratuidad asociándolo a las universidades estatales y la educación técnica.

 

Sabiendo que su desafío es llegar más allá de la base tradicional del Partido Radical, Guillier mencionó más veces al líder democratacristiano Radomiro Tomic que al ex Presidente radical Pedro Aguirre Cerda. Extendiendo una invitación a la DC, Guillier también alabó al cardenal Silva Henríquez.

 

Aunque sabe que Bachelet es impopular, el candidato del PR parece convencido de que la estrategia que ella usó en 2013 funcionará nuevamente en 2017. Con declaraciones que se centran más en lo que no funciona bien que en los detalles de su reforma, Guillier está haciendo una apuesta arriesgada. Si bien la estrategia le funcionó a Bachelet, Guillier no tiene hoy la misma credibilidad que ella tenía en 2013.  Además, después de la decepción que han generado las promesas incumplidas de Bachelet, va a ser más difícil que la gente se compre promesas ambiciosas sin pedir primero detalladas explicaciones de cómo el candidato piensa implementarlas.

 

En su primer discurso como candidato, Guillier confirmó las fortalezas que lo tienen como el mejor posicionado de la Nueva Mayoría, pero también dejó en claro que lo suyo ha sido más bien la reiteración de buenas intenciones que un plan razonable y factible que permita convertir sueños en realidades.