¿Cuándo se baja Lagos?

Patricio Navia

El Líbero, enero 3, 2017

 

Su decepcionante desempeño en las encuestas lleva a pensar que el ex Presidente Ricardo Lagos está seriamente considerando deponer su candidatura presidencial. Pero hay razones más poderosas para creer que Lagos seguirá en carrera. Porque nada garantiza que la candidatura de Alejandro Guillier mantenga su impulso hasta noviembre y porque Lagos definió su candidatura como un tapaboca para los que decían que él no se iba a atrever, un mal resultado en la encuesta CEP no será suficiente para inducir al ex gobernante a bajarse de la carrera presidencial.

 

Lagos anunció su candidatura presidencial sabiendo que había poca agua en la piscina. El Gobierno de la Nueva Mayoría de la Presidenta Bachelet fue el primero que, en democracia, renegó de la hoja de ruta delineada por los gobiernos de la Concertación. Lagos entró a la carrera como defensor de esa hoja de ruta. El cuestionamiento que la Nueva Mayoría hizo al modelo de consenso y pragmatismo de la Concertación ha sido un motivador fundamental para mantener a Lagos, uno de los padres concertacionistas fundadores, en carrera pese a las adversidades que ha debido enfrentar.

 

El hecho de que en carrera también estuviera Sebastián Piñera, el ex Presidente de derecha que gobernó con la misma fórmula concertacionista de cambios graduales, hacía todavía más atractivo el escenario para Lagos. Era impensable que el máximo representante, todavía vivo y políticamente activo, de las banderas concertacionistas le dejara libre el camino a la derecha para que Piñera se apropiara de las banderas del pragmatismo y el sentido común, y la coalición de centroizquierda se quedara solo con el mensaje refundacional de retroexcavadora que ha traído tan malos resultados en encuestas y en las elecciones municipales.

 

Lagos tiene razón cuando da a entender que él está en carrera por las ideas y no por un capricho. Es el candidato de la Concertación. Sus opositores no son, al menos por ahora, los abanderados de la derecha, sino que provienen de la Nueva Mayoría. Lagos quiere dar la lucha por la identidad de la coalición de centroizquierda que ahora aparece más cercana al mundo de lo autoflagelantes.

 

Lamentablemente para él, su principal rival, Alejandro Guillier, entiende bien el campo de batalla y lo que está en juego. El principal objetivo del senador es evitar que la contienda se convierta en una disputa entre la Nueva Mayoría, abanderada ya mayoritariamente detrás de él (aunque los jóvenes rebeldes quieran construir un Frente Amplio alternativo), y la Concertación cerrando filas detrás de Lagos. Guillier prefiere que la elección sea entre lo nuevo, representado por él, y lo viejo, personificado en Lagos.

 

Hasta ahora, el senador por Antofagasta ha sido exitoso, en tanto ha evitado fijar posturas que permitan caricaturizarlo como heredero de la Nueva Mayoría. Pero a medida que se caliente la elección, va a ser más difícil seguir en el campo de la indefinición. Ni siquiera Bachelet, que empujó al límite las ambigüedades, pudo evadir hacer compromisos en cuestiones tan centrales como la gratuidad universal o la nueva Constitución. En los meses que vienen Guillier se verá presionado a tomar definiciones que permitan clarificar si el ex lector de noticias está más cerca del modelo concertacionista o de la lectura de la Nueva Mayoría.

 

Lagos, por su parte, se seguirá debatiendo entre la defensa del modelo neoliberal con rostro humano y los guiños hacia un sector importante de la centroizquierda que reniega de lo que fue su gobierno. En la medida que más guiños haga, más se diluirán sus opciones. Es improbable que la izquierda se entusiasme con Lagos a menos que suba en las encuestas. Y para subir en las encuestas, el ex Mandatario debe evitar pretender venderse como algo que no es.

 

Es cierto que las encuestas muestran hoy que Lagos tiene poca chance de convertirse en el próximo Presidente. Es innegable también que se siente incómodo con la lógica de campaña horizontal y ánimo crítico que parece imperar en Chile. Pero como viejo zorro en política, Lagos sabe que si la cancha y las condiciones no le son favorables, es mejor intentar cambiarlas que tratar de reinventarse. En vez de caer en el juego de las encuestas, el ex Presidente debiera tomar la iniciativa y redefinir la cancha en la que se jugará la nominación presidencial de la coalición de centroizquierda.

 

Aprovechando la improvisación en la candidatura de Guillier y la falta de densidad en su mensaje, Lagos debiera invitarlo a debatir sobre las políticas de salud, educación y pensiones que cada uno adoptaría en caso de ser electo. Es verdad que habrá poca gente poniendo atención, pero si Lagos efectivamente tiene más dedos para el piano que Guillier, su música concertacionista sonará más armoniosa, y entonces el debate pasará de las dudas sobre cuándo se baja Lagos a las conjeturas sobre cuándo se retira Guillier.