UDI Popular y conservadora

Patricio Navia

El Líbero, diciembre 13, 2016

 

La categórica victoria obtenida por la senadora Jacqueline van Rysselberghe (JvR) en la elección interna de la UDI confirma las incuestionable fortalezas e innegables debilidades del partido que, desde 2001, ha obtenido la más alta votación de diputados en el país. Así como el triunfo de JvR confirma el poder que todavía ostenta la generación fundacional de la UDI, el aplastante resultado de la representante del Bío-Bío también explica por qué el gremialismo perdió en 2016 el cetro de partido más votado en concejales que había logrado en la elección de 2012.

 

Desde que el liderazgo presidencial de Joaquín Lavín la posicionó como el partido más votado en elecciones parlamentarias en 2001, la UDI ha vivido una singular paradoja. Si bien tiene más senadores (8) y diputados (29) que cualquier otro partido, es el único de los cinco partidos grandes (junto a RN, PDC, PPD y PS) que no ha logrado que uno de los suyos gane una elección presidencial en este período democrático. Aunque Lavín estuvo muy cerca de llegar en la segunda vuelta de enero de 2000, la UDI todavía no puede ver a un gremialista probarse la banda presidencial.

 

Las posturas conservadoras del partido en temas valóricos, que lo ubican en el extremo derecho del espectro político nacional, contrastan con su defensa pragmática del modelo neoliberal implantado en dictadura y perfeccionado en democracia. Pero por sus posturas ultraconservadoras en temas valóricos y por ser el partido más directamente asociado con la defensa de la dictadura militar, la UDI no logra concitar un apoyo mayoritario en elecciones presidenciales, pese a que en cuatro de las seis contiendas presidenciales tuvo candidato propio (o cercano a ella) en la papeleta electoral.

 

La elección de JvR ayuda a enterrar uno de los dos fantasmas que persiguen a la UDI. Si bien fue pinochetista en su juventud, cuando era estudiante de medicina en la Universidad de Concepción, JvR no pertenece a la generación UDI que trabajó activamente en dictadura. Nacida en 1965, ella tenía 23 años para el plebiscito de 1988. Aunque también votó por el Sí, su trayectoria política se inició ya en democracia, cuando fue electa concejal en Concepción en 1992. Sus detractores recordarán su participación marginal en la campaña del Sí en 1988 y de Büchi en 1989, pero por una cuestión de edad, JvR no pertenece a la generación UDI más identificada con el pinochetismo.

 

Ella es la primera mujer en presidir el partido y es la primera persona en ser electa democráticamente por las bases. Con su llegada a la presidencia, la UDI comienza a dejar atrás su pasado fuertemente ligado al pinochetismo y distanciado de la democracia interna como mecanismo de selección de su liderazgo.

 

Pero hay otro fantasma de la UDI que la victoria de JvR pareciera fortalecer. Las posturas extremadamente conservadoras del partido en materia de derechos reproductivos y de los homosexuales han sido algunos de los temas en los que la senadora, miembro del Opus Dei, ha tomado un polémico liderazgo. Su conducción, legitimada por más de un 60% de los más de 7 mil militantes que concurrieron a las urnas, confirma las posturas profundamente conservadoras en cuestiones valóricas de ese partido.

 

Si bien por más de dos décadas la derecha estuvo dominada por la UDI y RN, la aparición de nuevos grupos y partidos ha generado más oportunidades para que los simpatizantes del sector puedan encontrar otras tiendas que reflejen mejor sus posturas. La victoria de JvR imposibilitará un giro hacia posiciones menos conservadoras en el gremialismo, lo que abrirá un espacio para que crezcan otros grupos de derecha que, abrazando el modelo de libre mercado, adopten posturas más liberales. Evopoli, fundado por Felipe Kast, hijo de uno de los líderes en que se inspira la UDI, aparece como el partido mejor posicionado para atraer a esos votantes que, defendiendo el modelo neoliberal, sostienen posturas menos conservadoras en temas valóricos y se alejan, con más convicción que JvR, del legado autoritario de Pinochet.

 

Después de los escándalos de financiamiento irregular de campañas que golpearon con fuerza a todos los partidos—pero primero y tal vez con más fuerza a la UDI que a ningún otro—, la elección interna democrática de la UDI, siguiendo el principio de un militante, un voto, constituye una oportunidad para volver a construir. La victoria de JvR por sobre el diputado Jaime Bellolio, que representaba una opción de recambio generacional y posturas más liberales, confirma la identidad profundamente conservadora de la militancia UDI y, dado que el país se torna cada vez más tolerante, genera también una oportunidad para que otros partidos de derecha, especialmente Evopoli, salgan a disputarle al gremialismo el apoyo de los derechistas que, abrazando el modelo de mercado, abriguen posturas menos conservadoras en temas valóricos.