Tropiezos de ex presidentes

Patricio Navia

El Libero, noviembre 22, 2016

 

Aunque tienen estilos contrapuestos y buscan representar a coaliciones rivales, los ex Presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera comparten activos y pasivos. Si bien su experiencia y posturas pragmáticas tranquilizan a los actores económicos, los recuerdos más polémicos de sus primeros gobiernos generan también anticuerpos. Mientras a Piñera lo persigue la sospecha de que es incapaz de separar los negocios de la política, a Lagos lo acosa la percepción de que busca volver a La Moneda más por su ego personal que porque le preocupe el bienestar de los chilenos.

 

Desde que Lagos declaró su candidatura presidencial, y mientras Piñera se comporta como candidato —aunque recién anunciará su decisión en marzo de 2017—, los ex Presidentes han monopolizado la atención de la prensa. Si bien la lista de presidenciables es larga —y la estrella del momento es el senador de la Nueva Mayoría Alejandro Guillier—, Lagos y Piñera se han consolidado como los favoritos de la elite para suceder a Bachelet. Debido a que el Gobierno actual ha batido el récord de impopularidad desde el retorno a la democracia y ha registrado el peor desempeño económico de los últimos 40 años, es comprensible la ansiedad que existe para que se termine pronto este cuatrienio.

 

Los malos resultados de los últimos años han llevado a la elite a añorar el paraíso perdido de la Concertación. Pero el chileno medio más bien quiere mirar hacia adelante que recrear el pasado. De ahí que mientras la elite mira con buenos ojos las candidaturas presidenciales de Lagos y Piñera, el resto de la población no parece muy entusiasmada con la idea de que un ex Mandatario vuelva al poder. Es cierto que Piñera aparece liderando las encuestas, pero apenas uno de cada cuatro chilenos lo menciona como su primera opción en 2017.

 

En días recientes, las campañas de ambos han tropezado por sus debilidades históricas. Mientras Piñera ha sido objeto de críticas por la forma en que estructuró su fideicomiso ciego en su primer gobierno y por los negocios que hizo su empresa familiar mientras él estaba en La Moneda, la dificultad que ha tenido Lagos para crecer en las encuestas lo ha llevado a tomar posiciones defensivas respecto de qué lo motiva a ser candidato. En ambos casos han demostrado que, así como sus activos los hacen populares ante la elite y ayudan a calmar los mercados, sus pasivos siguen siendo amenazas formidables contra sus aspiraciones electorales.

 

Las revelaciones sobre las inversiones que realizó Bancard en una empresa peruana mientras Piñera era Presidente han abierto una serie de flancos en sus aún no formalizadas aspiraciones presidenciales. Aunque algunas de las acusaciones son inverosímiles —como que Piñera pudo haber querido que Chile perdiera en La Haya para beneficiarse de sus inversiones en Exalmar—, hay otras que tienen más sentido. Cuando anunció su fideicomiso ciego en 2010, Piñera no transparentó que sólo el 20% de sus inversiones entrarían a ese fondo manejado por cuatro instituciones financieras. El otro 80% quedó en manos de una empresa familiar. Si bien Piñera dice que él nunca tuvo participación en las decisiones de negocio, queda la duda de por qué no construyó un cortafuego adecuado entre sus negocios y la política. La incontinencia que ha demostrado en una exitosa vida de mezclar la política y los negocios vuelve a ser un tema de debate ahora que se ha hecho público que el fideicomiso ciego de Piñera fue limitado y parcial. Si bien todavía no queda claro cuál será el efecto de esta polémica sobre el electorado, es evidente que, igual como ocurrió en la campaña de 2009, las actividades empresariales de Piñera serán uno de sus flancos débiles en 2017.

 

Por su parte, el ex Presidente Lagos ha vuelto a caer en el discurso del pasado y ha centrado su candidatura en una demostración de su coraje, más que en una propuesta que mejore la vida de los chilenos. Consultado ante la posibilidad de bajar su candidatura dada su baja adhesión en las encuestas, declaró que “No me bajé con Pinochet y no lo voy a hacer ahora”. Como si a los chilenos les importara la valentía de Lagos, o como si quién estuvo a favor o en contra de Pinochet fuera un tema electoral, este ex gobernante de 78 años, que invita a pensar en el Chile del 2050, apenas se ve presionado vuelve a usar como su referente al Chile de 1988.

 

Pese a que falta un año para las elecciones, la incapacidad del Gobierno para controlar la agenda ha apurado las definiciones de candidaturas. Por ser más conocidos y favoritos de la elite, los ex Presidentes Lagos y Piñera se han convertido en los candidatos que dominan el debate. Los tropiezos recientes que han tenido ambos demuestran que, si bien ambos poseen enormes activos, los pasivos con los que cargan los convierten también en candidatos vulnerables.