¿La capitulación de Guillier?

Patricio Navia

El Líbero, noviembre 1, 2016

 

Como el único obstáculo que queda en el camino del ex Presidente Ricardo Lagos para conseguir la nominación presidencial de su coalición, el senador Alejandro Guillier se enfrenta a un desafío difícil. Si bien las encuestas lo muestran como un rival más competitivo frente a Sebastián Piñera para las elecciones de noviembre de 2017, de animarse a buscar la candidatura, Guillier deberá desafiar a los poderes fácticos concertacionistas y a la elite empresarial, alineados detrás de Lagos.

 

Ya que el apoyo popular que concita el senador independiente podría no bastar para resistir la restauración fáctica que quiere imponer a Lagos como candidato único de la Nueva Mayoría, Guillier deberá prontamente anunciar si va a desafiar al ex Mandatario o si simplemente capitulará ante su candidatura.

 

Tras anticipar su ingreso a la carrera presidencial en la Nueva Mayoría, Lagos ha demostrado su enorme capacidad para aunar voluntades en la elite empresarial y partidista de su coalición. Después de que liderara las críticas a la política de retroexcavadora impulsada por el gobierno de Bachelet en sus dos primeros años, los medios tradicionales del país no han titubeado en presentarlo como un líder responsable y capaz de construir amplio consenso en apoyo a propuestas de reformas moderadas. Si bien en su momento fue criticado por impulsar cambios considerados anatema en sectores más conservadores —como el divorcio, el fin de la censura o una reforma constitucional que puso fin a los enclaves autoritarios—, el ex gobernante aparece hoy como el candidato de izquierda favorito de la elite conservadora. Es cierto que esa misma elite terminará votando por un candidato conservador, pero si los poderes fácticos del país pudieran escoger un rival como Presidente, de seguro escogerían a Lagos.

 

En las semanas que lleva como candidato declarado, ya ha logrado sacar de carrera a la senadora socialista Isabel Allende y ha anulado las aspiraciones presidenciales de su ex ministro del Interior, José Miguel Insulza. Solo el senador independiente Alejandro Guillier (electo en cupo del Partido Radical y, hasta ahora, apoyado por éste) queda en carrera. Quince años más joven que Lagos, sin su experiencia, pero también libre de los pasivos con los que carga el ex Presidente, Guillier tiene además la ventaja de la cercanía. Mientras Lagos es repetido, Guillier es novedoso. Si el primero genera distancia con su estilo autoritario, el segundo usa un lenguaje que lo convierte en defensor de los indefensos. Si el ex Presidente habla del Chile a 30 años plazo, el senador habla del que debemos construir a partir de marzo de 2018.

 

Como las encuestas privadas muestran que Guillier derrotaría tranquilamente a Lagos en unas primarias de la Nueva Mayoría, éste sabe que debe sacar al periodista de la carrera presidencial antes de que su coalición deba decidir, en abril de 2017, si habrá primarias en julio. Lagos tiene cuatro meses para lograr que Guillier se desista de exigir primarias presidenciales en la Nueva Mayoría.

 

El laguismo duro se está moviendo con mucha energía, pero poca efectividad, en su esfuerzo por sacar de carrera a Guillier. El ingreso de Máximo Pachecho al comando de Lagos tuvo más efectos positivos en el sector empresarial que en los votantes. Con todo, Lagos ha demostrado que está dispuesto a hacer lo que se necesita para asegurar la candidatura presidencial, mientras que Guillier parece creer que bastan las preferencias ciudadanas para doblegar la voluntad de la elite. Confiado en su favoritismo entre la gente, el senador cree que las encuestas pesan más que las estrategias de los poderes fácticos, pero ha perdido valiosas semanas en la inacción, mientras Lagos avanza lento con trabajo arduo y disciplinado.  Después de no jugársela por ser el rostro líder de la campaña municipal de la Nueva Mayoría, Guillier aparece ahora criticando a los partidos por la derrota. Mientras el ex Mandatario se tira a la piscina aunque no haya agua, el senador parece indeciso aunque la piscina rebalse.

 

Es verdad que Guillier tiene en las encuestas un arma muy poderosa, pero hasta ahora Lagos ha demostrado más valentía, arrojo y determinación. Como en la política la gente responde a las señales de sus líderes, mientras más se demora Guillier en anunciar su entrada al ruedo y más espacio le regala a Lagos en la arena de la opinión pública, más dudas comenzará a sembrar entre aquellos que hoy lo prefieren como opción presidencial de la Nueva Mayoría. Es más, la ausencia de señales suyas respecto de asumir la candidatura presidencial alimenta las especulaciones de que, al final del día, Guillier terminará capitulando ante las ambiciones presidenciales de Lagos.