Fin de la Nueva Mayoría no significa retorno de la Concertación

Patricio Navia

El Líbero, octubre 28, 2016

 

El mal desempeño del oficialismo en las elecciones del pasado domingo ha llevado a muchos a anunciar con alegría el fin de la Nueva Mayoría (NM). Aunque algunos creen que eso significa el retorno de la Concertación, la coalición de centroizquierda bien pudiera avanzar hacia una mayor radicalización o sufrir una implosión que debilite la gobernabilidad del país.

 

Aunque la Presidenta Bachelet no quiera ver un giro a la derecha en los resultados de las municipales, el domingo abundaron las sonrisas en Chile Vamos y sobraron las lágrimas en La Moneda y la NM. Como si no fuera suficiente bajar de 177 a 141 en el número de comunas que gobierna (Chile Vamos subió de 121 a 144), la NM además perdió comunas de clase media y media baja en Santiago.

 

Ante la creciente expectativa de que Bachelet volverá a entregarle la banda presidencial a Sebastián Piñera, varios en el oficialismo creen que ya no tiene sentido formar una coalición ideológicamente amplia. Si van a perder, mejor correr con colores propios. Ese argumento tiene algo de sentido en los partidos de izquierda, que creen que su electorado quiere empujar los límites del modelo neoliberal. Partiendo del infundado supuesto de que los abstencionistas son en su mayoría personas que quieren un giro a la izquierda, el flanco auto-flagelante de la NM quiere iniciar una travesía hacia una mítica tierra prometida anti neoliberal. Pero ya que el candidato presidencial con más apoyo en el establishment izquierdista es el ex Presidente Ricardo Lagos, parece improbable que ese sector se corra a la izquierda. De hecho, Lagos parece más interesado en refundar a la vieja Concertación.

 

Lamentablemente para él, los chilenos parecen poco interesados en volver al pasado o correrse a la izquierda. Más bien quieren un gobierno que, abrazando las banderas de inclusión social y reducción de la desigualdad que enarboló Bachelet, logre también retomar el sendero del crecimiento y la ampliación de oportunidades. Aunque algunos asocien ese discurso con la Concertación, la gente no quiere volver al pasado. Lagos puede buscar articular ese discurso, pero todo lo que representa el ex Presidente habla más de pasado que de futuro.

 

Alejandro Guillier cada día se parece más a la esperanza entusiasta, pero sin hoja de ruta viable, que representó Bachelet en 2013. Aun así, como chiste repetido sale podrido y Guillier es menos que Bachelet —y como Presidente enfrentará desafíos más complejos—, parece improbable que la NM se reinvente en torno a un candidato cuya principal fortaleza actual es que no tiene militancia y que entró hace poco a la política.

 

Por eso, la izquierda está en la encrucijada de seguir a un líder de peso —pero también del pasado— que va querer volver al centro, o bien aventurarse con un líder nuevo que no da garantía de que el giro a la izquierda funcionará y, peor aún, ni siquiera se sabe si se quiere correr a la izquierda.

 

Para el PDC, la situación es todavía más compleja. Sin candidato presidencial viable, no tiene incentivos para seguir el camino propio. Como sus funcionarios dependen de sus sueldos en el sector público, el PDC no va a dejar el gobierno de Bachelet hasta el final. Si Lagos o Guillier toman vuelo, la falange se tragará su orgullo y seguirá en la NM. Si en cambio parece evidente que la derecha ganará en 2017, el PDC buscará convertirse en un partido bisagra que dé gobernabilidad. Para eso necesitará un buen desempeño electoral, por lo que igual terminará apoyando a un candidato presidencial que pueda pasar a segunda vuelta. Mientras no haya un presidenciable democratacristiano que logre competir con Lagos o Guillier, el partido se mantendrá en la NM hasta que se acabe el gobierno y sus funcionaros cobren el último sueldo.

 

En cualquiera de los escenarios, la NM parece destinada a sobrevivir al menos hasta las elecciones del próximo año. Si la candidatura de Lagos logra entusiasmar en las encuestas o si Guillier se consolida como alternativa viable ante Piñera, la NM se mantendrá unida. Si, en cambio, no ven ninguna opción de ganar, los partidos de izquierda estarán tentados a salir en busca de ese paraíso perdido de una masa electoral dispuesta a botar el neoliberalismo por la ventana. El PDC, en cambio, buscará convertirse en el partido que garantice la gobernabilidad al próximo gobierno.

 

Desafortunadamente, para que la política funcione se precisa una coalición de gobierno ordenada y oposición unida que sirva de contrapeso, pero que también colabore con el gobierno en áreas de consenso que faciliten la gobernabilidad. Después de la derrota del domingo, el futuro de la NM depende de que sus partidos crean tener una chance de mantenerse en el poder después de marzo de 2018. Mientras más inevitable se vea la victoria de Piñera, más incentivos habrá para que los partidos de la coalición de centroizquierda consideren tomar caminos separados.