Las elecciones eran mejor antes

Patricio Navia

El Líbero, octubre 18, 2016

 

Aunque los nostálgicos del Chile de antes se equivocan en idealizar un país que era más pobre, más desigual y menos democrático que el de hoy, es innegable que la institucionalidad electoral funcionaba mejor a comienzos de los 90 que hoy. Aunque la adopción de la inscripción automática y el voto voluntario buscaba facilitarle la vida a los electores, el apresurado diseño de esa reforma y su desastrosa implementación traen recuerdos del Transantiago.

 

El problema con el padrón electoral se explica por una reforma que en su momento fue muy popular y tuvo gran apoyo. Hasta 2009, los chilenos que querían votar debían inscribirse previamente en el Servicio Electoral. Si bien había que inscribirse una sola vez en la vida, uno debía apersonarse en el Servicio Electoral cada vez que quería cambiarse de dirección electoral. Para el plebiscito de 1988 y las presidenciales de 1989, más del 90% de las personas en edad de votar se tomaron la molestia de inscribirse. Es cierto que el momento político era distinto y que, después de 15 años de dictadura, había entusiasmo para participar. A partir de 1990, el entusiasmo se desvaneció. La cantidad de chilenos que cumplían la edad de votar y se inscribían para hacerlo fue a la baja. Es más, a partir de 2005, el número de inscritos en el padrón comenzó a disminuir, en tanto cada año había más muertos que nuevos inscritos.

 

En un esfuerzo por simplificar la vida a las personas y bajar los costos de ir a votar, hubo muchos llamados a automatizar la inscripción electoral. Ya que las personas a menudo realizan trámites en el Registro Civil, tenía sentido que el padrón electoral se actualizara automáticamente cuando la gente realizara trámites en esa repartición pública. Después de todo, se suponía que el Registro Civil era una institución confiable que manejaba los datos más actualizados sobre dónde vivían los chilenos y los extranjeros residentes con derecho a voto.

 

A la par de la discusión para facilitar el proceso de inscripción en el padrón, surgieron otras voces que pedían una reforma constitucional que eliminara la obligatoriedad del sufragio. Defendida fundamentalmente por líderes que privilegiaban la libertad de los chilenos, el movimiento para hacer voluntario el sufragio comenzó a ganar fuerza. De hecho, la voluntariedad del sufragio fue adoptada en 2010, antes de que se adoptara la reforma que automatizaba la inscripción en el padrón.

 

Si bien hay poderosas razones para apoyar y oponerse a la voluntariedad del voto, no hay buenas razones para oponerse a la automatización de la inscripción en el padrón electoral. La solución más razonable era automatizar la inscripción independientemente de si el voto era voluntario u obligatorio. Con voto obligatorio, se podría establecer un mecanismo para que los que no quisieran votar pudieran fácilmente pedir ser borrados del padrón. Como se quería facilitar la vida a los que quisieran votar, uno no tenía que hacer nada para votar, pero si no quería votar, solo necesitaba ir a borrarse del padrón.

 

Al final, el mecanismo adoptado fue de voto voluntario (primero) e inscripción automática (después). El nuevo sistema entró en vigencia en 2012. El padrón que entregó el Registro Civil ya generó dudas, pues incluía muertos, personas de paradero desconocido y decenas de miles de chilenos residentes en el extranjero. Con todo, al menos en 2012, no se produjeron casos de personas que, teniendo el derecho a voto, estuvieran mal inscritas o no estuvieran inscritas.

 

El problema que existe hoy es que, a cinco días de la elección, hay decenas de miles que están inscritos en comunas donde no residen y que nunca demostraron ninguna intención de cambiar su domicilio electoral. El Servel, que ya no posee el control de añadir nueva gente al padrón ni es el único facultado para cambiar domicilios, le echa la culpa al Registro Civil. El Registro Civil se defiende, aunque es imposible negar que su otrora intachable reputación de ser un registro confiable y creíble de datos sobre los chilenos ha sido dañada.

 

La solución parche que se está proponiendo permitirá a todos aquellos que se sienten perjudicados escoger la comuna donde votarán. Aunque el sistema puede permitir abusos, la única solución alternativa sería cambiar la fecha de la elección para arreglar el padrón. Pero eso afecta negativamente a más personas que la solución parche propuesta.

 

Con todo, da la impresión de que estamos ante un nuevo caso de política pública bien intencionada pero mal diseñada y peor implementada. Hacer la vida más fácil a las personas tiene todo el sentido del mundo. Pero cuando el Estado diseña e implementa mal las soluciones, el remedio termina siendo peor que la enfermedad. Tal vez la lección que debamos aprender de este bochornoso fiasco es que, cuando se trata de solucionar los problemas que enfrenta el país, el Estado no siempre da el ancho. El Transantiago fue un gran ejemplo, y desde entonces se suma la evidencia de que el Estado a veces es parte del más del problema que de la solución.