Menos plata en las campañas favorece a los alcaldes en ejercicio

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 30, 2016

 

Una de las consecuencias no anticipadas de la reforma al sistema de financiamiento de campañas es que, al haber menos recursos disponibles para los candidatos, los desafiantes tienen más dificultades para hacerse conocidos y los alcaldes que buscan la reelección tendrán más posibilidades de lograrlo. Como siempre ocurre cuando se restringe la capacidad de hacer propaganda, los que ya controlan el mercado consolidan su posición y los nuevos actores tienen más obstáculos para ganar cuotas de mercado.

 

Los escándalos del financiamiento irregular de la política llevaron a que se legislara apresuradamente una serie de reformas que limitan la capacidad de los candidatos a acceder a recursos monetarios para sus campañas. La prohibición a las donaciones de empresas, la mayor regulación a las donaciones de personas naturales y donaciones propias y la mayor fiscalización del gasto han limitado sustancialmente el dinero que fluye hacia las campañas municipales.

 

Si bien algunos creen que eso es deseable, la falta de recursos para hacer campaña otorga una ventaja a los alcaldes en ejercicio que buscan la reelección. Como esos alcaldes ya gozan de mejor reconocimiento de nombre y han utilizado los recursos municipales para promoverse durante los años en que han ejercido su cargo, la gente los conoce más que a los desafiantes. Aunque eso pudiera significar que la gente también está más familiarizada con las debilidades y falencias de sus alcaldes, en la medida que la gente supone que los desafiantes también tendrán sus propias falencias y debilidades, los alcaldes corren con una enorme ventaja.

 

En democracia, las campañas sirven para que los desafiantes traten de convencer a la gente de que ellos están mejor capacitados que los titulares para ejercer el cargo. Pero cuando el voluntarismo de querer sacar el dinero de la política lleva a legislaciones apresuradas, la prohibición a que las empresas donen a las campañas y los mayores obstáculos para que los candidatos nuevos recauden fondos hacen que la cancha quede dispareja a favor de los que ya detentan el cargo. Cuando además se limita la capacidad de hacer publicidad en la calle, los desafiantes tienen un camino cuesta arriba para posicionarse como alternativas electoralmente viables. Aunque deben dejar sus cargos en el mes inmediatamente anterior a las campañas, los titulares que buscan la re-elección ya se han beneficiado de las ventajas que da ocupar el cargo por casi cuatro años.

 

En otros mercados, la prohibición de hacer publicidad favorece a los que ya dominan el mercado. Por ejemplo, cuando se implementan reformas que prohíben la publicidad de cigarrillos, puede disminuir la demanda en general, pero también se consolidan las cuotas de mercado de los actores que ya están presentes y son conocidos. Lo mismo ocurre en el mercado de las campañas: cuando se limita la capacidad de hacer publicidad —o se restringe la capacidad de los candidatos de recaudar fondos—, se hace más fácil que los ya ocupan cargos puedan ser reelectos.

 

Por cierto, cuando disminuye la participación electoral, los candidatos que van a reelección tienden a beneficiarse más que los desafiantes. Cuando menos gente vota, más fácil es que funcionen las máquinas montadas para apoyar al candidato oficial y a menudo financiadas irregularmente con recursos públicos.

 

Ahora bien, una alta tasa de reelección de alcaldes no es necesariamente mala. Si los alcaldes hacen bien su tarea y los electores están satisfechos, tienen sentido las tasas altas de reelección. Si un consumidor está feliz con la panadería de siempre, no tiene sentido pasar una ley para obligar a que la panadería cierre después de unos años. Si queremos mejorar la calidad de la oferta, tenemos que asegurarnos de que sea fácil para nuevas panaderías competir con las que ya existen. De igual forma, en la arena electoral, la lógica indicaría que hay que incentivar el ingreso de nuevos actores para que generen más competencia en el mercado.

 

Lamentablemente, la reforma al sistema de financiamiento de campañas que ha entrado en vigencia para las elecciones municipales del 23 de octubre produce los efectos opuestos. Al limitar la capacidad de los candidatos para recolectar fondos y para hacer publicidad, la reforma deja en desventaja a los candidatos nuevos. En vez de que haya más competencia, las nuevas reglas limitan la competencia. Eso terminará favoreciendo a los alcaldes titulares que buscan la reelección. Lamentablemente, esa ventaja de los titulares hará que se deprima la competencia en el mercado y que inevitablemente baje la rendición de cuentas en los gobiernos municipales. En tanto los titulares corren ahora con más ventaja, tendrán menos temor a ser castigados por el electorado en la próxima elección. Es cierto que hay menos presencia del dinero en la política, pero también es verdad que los alcaldes que buscan la reelección tienen ahora la cancha cargada a su favor.