Lagos no se va a atrever

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 23, 2016

 

Cuando anunció que entraría a la carrera presidencial diciendo que “no me restaré a ese desafío”, el ex Presidente Ricardo Lagos aclaró que una de sus motivaciones fue que “no podía aceptar que el tema de debate es si me atrevo o no”. Ahora que parece evidente que el senador Alejandro Guillier le lleva ventaja en la carrera por la nominación oficialista, el debate es si Lagos, al igual que en 2009, se retirará de la carrera antes de someterse a la voluntad de los simpatizantes de la centro-izquierda.

 

Como indiscutido líder de la izquierda chilena desde el plebiscito de 1988, Lagos ha tenido una destacada carrera como político, pero una compleja trayectoria como candidato. En 1989, era favorito para ganar la elección senatorial en Santiago Poniente. Pero ya que se dedicó a apoyar a otros candidatos de la izquierda más que a hacer campaña ante sus electores, el PDC Andrés Zaldívar le ganó la carrera. Es verdad que Lagos obtuvo la segunda mayoría individual (igual que Laurence Golborne en la senatorial de Santiago Oriente en 2013), pero ya que la suma de votos de los dos candidatos de la derecha superó su votación personal, Lagos quedó fuera del Senado.

 

Al desempeñarse como ministro de Educación en el gobierno de Aylwin, Lagos comenzó a dibujar el legado de un sistema de educación mixta público-privado en que el componente privado carece de una regulación adecuada. Si bien corrigió el balance fuertemente sesgado hacia el sector privado que dejó la dictadura, su legado en educación parece no enorgullecer al ex Presidente. Lagos siempre recuerda más su paso por Obras Públicas en el gobierno de Frei que su desempeño en Educación bajo Aylwin.

 

En 1993, pese a que el senador PDC Eduardo Frei era ampliamente favorito, Lagos presionó para realizar unas primarias para escoger al candidato presidencial de la Concertación. Esas primarias no fueron realmente competitivas. Como podían votar solo los militantes y los inscritos previamente, el padrón claramente favorecía a Frei. Con todo, Lagos sí se atrevió en 1993.

 

En 1999, Lagos se impuso con facilidad en las primarias de la Concertación ante el senador PDC Andrés Zaldívar. Pero en la contienda presidencial, tuvo enormes problemas para derrotar a Joaquín Lavín, el candidato de la derecha. La mala situación económica y la impopularidad del presidente saliente Frei le dificultaron el camino, pero la falta de carisma y la compleja personalidad de Lagos también tuvieron su parte.

 

Después de un exitoso sexenio en el gobierno (2000-2006), Lagos se retiró con alta aprobación. Si bien su legado tuvo luces y sombras, las luces fueron mucho más notables. Pero con el tiempo, algunas sombras han quedado más marcadas en el imaginario nacional. El escándalo MOP-Gate, el fallido tren al sur, el Transantiago y el Crédito con Aval del Estado para la educación superior privada son recordados de forma más reiterada que el desarrollo de infraestructura, el Plan Auge o la gran reforma constitucional de 2005.

 

Con todo, por su buen desempeño, Lagos se convirtió en candidato natural para las elecciones de 2009. Pero a fines de 2008, jugó mal sus cartas. Al condicionar su candidatura a que los partidos le permitieran influir en la nominación de candidatos al Congreso, Lagos puso un precio demasiado alto y los partidos le dijeron que no.

 

Si bien muchos hubieran pensado que ese era el fin de Lagos —nadie lo consideró como candidato en 2013, cuando Bachelet era muy popular—, el desastroso desempeño del gobierno de Bachelet llevó a muchos a considerar a Lagos como candidato viable para 2017. El mismo se entusiasmó y comenzó a mover sus fichas. Después de anunciar que tomaría su decisión en marzo de 2017, se apuró en entrar al ruedo al ver que Guillier empezaba a subir en las encuestas. Pero da la impresión que se lanzó a la piscina sin que hubiera mucha agua. Su candidatura no ha logrado prender. Es más, Guillier sigue subiendo aunque todavía no anuncia formalmente que será candidato.

 

Ya varios intentan dar explicaciones por el poco entusiasmo que genera la candidatura de Lagos. Se ha mencionado su avanzada edad (cumple 79 años en marzo de 2017), la poca renovación que representa su nombre, su estilo vertical autoritario para gobernar y su incapacidad para conectar con el nuevo electorado chileno. Pero también hay que recordar que Lagos nunca fue un gran candidato. La única elección que ganó la sufrió hasta el final. Carente de carisma, su estilo de profesor, su mal genio y su tendencia a creerse el centro del debate tampoco ayudan.

 

Premonitoriamente, cuando anunció su candidatura, Lagos confidenció que le preocupaba que la gente pudiera creer que él no se atrevería a ser candidato. Pues bien, ahora que el camino para asegurar la nominación de su coalición está cuesta arriba, el debate se comienza a centrar en si Lagos se atreverá a competir en unas primarias en las que él no es el gran favorito.