No+AFP, quién ofrece más

Patricio Navia

El Líbero, agosto 23, 2016

 

Aunque algunos pensaron que las aguas se aquietarían después del anuncio de la Presidenta Bachelet sobre su propuesta de modificaciones al sistema de AFP, la señal de debilidad que entregaron las propias AFP —que reconocieron la necesidad de reformas— y la rapidez con la que la clase política comenzó a lanzar propuestas para mejorar las pensiones ha atizado el fuego. Porque en democracia también se tropieza de nuevo con la misma piedra, no debiéramos sorprendernos de ver candidatos que se hagan eco de la demanda de mejores pensiones a costo cero para los cotizantes.

 

El movimiento No+AFP amenaza con dominar la agenda electoral en 2017. En un contexto en que la clase política mantiene un alto desprestigio y ningún candidato se empina por sobre el 15% de intención de voto, el movimiento contra las AFP ofrece una nueva oportunidad para copiar el estilo que llevó a Bachelet a la victoria: promesas ambiciosas sin entrar a detallar cómo se cumplirán.

 

La experiencia de 2013 puede ser iluminadora respecto a lo que pueda ocurrir en 2017. Después que las protestas de 2011 tuvieron al gobierno de Sebastián Piñera contra la pared, el aterrizaje de Michelle Bachelet como candidata presidencial en marzo de 2013 demostró la fuerza de la opinión pública para influir sobre los mensajes de campaña de los candidatos. Días después de su retorno al país, Bachelet separó aguas con los que pedían educación gratuita universal. Pero a los pocos días, reculó e hizo propia la promesa de gratuidad universal. Aunque aclaró que el proceso sería gradual, el hecho que Bachelet haya modificado su postura ante el clamor de la calle demostró que, por más responsables que quieran ser, los candidatos deben luchar contra la tentación de ceder a la presión de la calle.

 

La decisión de Bachelet de comprometerse con la gratuidad fue difícil de comprender. Después de todo, prometiera lo que prometiera (o dejara de prometer), Bachelet era amplia favorita para ganar las elecciones. Pero la entonces candidata sucumbió ante la presión izquierdista en su coalición a tal punto que, una vez en el gobierno, tomó el inusual camino de implementar la gratuidad a través de una glosa en el presupuesto. La obcecación de Bachelet por cumplir una promesa de campaña generó un doble costo. Primero, instaló la idea de que la educación universitaria gratuita era un derecho. Segundo, abandonó el principio de que el financiamiento de nuevos derechos permanentes debería hacerse a través de leyes que regulen cómo funcionaría el nuevo sistema.

 

Para 2017, la demanda de No+AFP amenaza en convertirse en la nueva fuerza que lleve a candidatos a realizar promesas irreflexivas y voluntaristas sobre cómo mejorar las pensiones. Como la gente está más preocupada de los resultados que de los procesos, los planes de mejoras graduales y parciales no generarán mucho apoyo. En una sociedad capitalista de consumo que demanda satisfacción inmediata (compre ahora y pague después), la gente no se entusiasma con candidatos que prometan resultados en el largo plazo. A diferencia de la educación, que deja de ser una prioridad cuando la gente ya la obtuvo o cuando se pasa la edad, la preocupación por las bajas pensiones va en aumento a medida que la gente envejece y acompaña a los pensionados por el resto de sus vidas.

 

Como las encuestas muestran que los chilenos no tienen favoritos para las elecciones presidenciales de 2017, varios presidenciables se sumarán a la popular causa de No+AFP para atraer apoyos. Se desatará una competencia por quién promete mejores resultados con el menor sacrificio posible.

 

Es verdad que en la mayoría de las democracias los candidatos se exceden en sus promesas de campaña y, después de ganar las elecciones, llenan sus promesas de letra chica. En parte, la democracia consiste en ilusionarnos en campaña para despertar a la realidad cuando asume el nuevo gobierno. Pero mientras más excesivas son las promesas de campaña, más difícil resulta volver a posiciones razonables después de ganar la elección.

 

Porque el movimiento No+AFP después de una multitudinaria marcha ya logró que Bachelet anunciara un ambicioso proyecto de reformas, nuevas marchas llevarán al gobierno y a varios presidenciables de todos los colores políticos a competir por quién ofrece más. Aunque algunos dicen que los chilenos están hartos de la lógica de competencia que predomina en el modelo neoliberal, la evidencia muestra que la ley de oferta y demanda funciona a la perfección en el mercado electoral. Cuando la gente quiere más, la clase política inmediatamente compite por quién hace la promesa más ambiciosa. Como la demanda popular se ha simplificado en el No+AFP, no debiéramos sorprendernos cuando los presidenciables empiecen a prometer terminar con las AFP de la misma forma como en 2013 Bachelet respondió a la demanda ciudadana prometiendo el fin al lucro, la selección y el copago y la educación superior gratuita para todos.