Los encapuchados eclipsan a Bachelet

Patricio Navia

El Líbero, mayo 21, 2016

 

Como para ejemplificar la incapacidad que ha tenido el gobierno para controlar la agenda política, el saqueo a tiendas, un incendio en un edificio histórico a manos de encapuchados y la muerte de un nochero producto del incendio eclipsaron el discurso presidencial del 21 de mayo.

 

Los 90 minutos que la Presidenta Bachelet tomó para entregar su discurso sobre los logros de su período y sus planes para los 18 meses que restan antes de las próximas elecciones, confirmaron las razones por las que su gobierno ha fallado en facilitar las condiciones para el desarrollo económico. La Mandataria insistió hasta el cansancio en todas las cosas que su gobierno iba a hacer para solucionar los problemas del país. Sin entender que la mejor forma de solucionar los problemas y enfrentar los desafíos es a través de un Estado que facilite las condiciones para que la iniciativa y creatividad privada produzcan riqueza y oportunidades, Bachelet confirmó una visión de mundo que cree que el Estado es un gran padre que debe proteger a sus hijos, aún cuando los hijos ya son mayores de edad y varios pueden cuidarse solos.

 

Al hablar sobre el sistema de salud pública, Bachelet nos recordó que “por cada 10 mil habitantes, hay 23 médicos especialistas en el sector privado y solamente siete en el sector público”. Pero en vez de pensar en formas que permitan a más personas tener acceso al sector privado de salud, prometió un nuevo plan para aumentar el número de especialistas en el sistema público. Desconociendo que los chilenos pasan del sistema público al privado apenas pueden hacerlo, Bachelet optó por el voluntarismo para defender un sistema público (del que ella no es ni siquiera usuaria) en vez de generar oportunidades para que los chilenos escojan entre ambos sistemas de salud.

 

Es loable que la Presidenta quiera fortalecer el sistema público en áreas claves como la educación, salud y pensiones (AFP estatal). Pero es inútil hacer tímidas promesas sin hacerse cargo del hecho que la gente huye del sistema público cuando ve competencia y eficiencia en el sector privado. Al contrario, aprendiendo de las experiencias recientes, Bachelet debiera abogar por mayor competencia entre el sistema público y privado -como las farmacias municipales o, incluso, una AFP estatal-.

 

Bachelet intentó presentar un mensaje más conciliador, reafirmando que la obra gruesa de sus reformas ya estaba concluida. Aunque a renglón seguido, anunció que en el mes de junio enviará la reforma para regular la gratuidad en la educación superior. Más tarde, confirmando el aire fundacional de su gobierno, Bachelet insistió en la nueva Constitución. En lo que probablemente sea la frase más memorable de su discurso, Bachelet advirtió, respecto al proceso que ella impulsa, que “quien se margina no sólo se queda abajo del carro de la historia chilena, sino que le resta valor a sus ideas”. La mala intención de la frase es evidente en tanto el proceso constituyente no pasa de ser un gran focus group que organiza el gobierno para reunir insumos para su propia propuesta de contenido y mecanismo que recién entonces buscará iniciar un proceso constituyente. Además, supone que los chilenos ya votaron que quieren nueva Constitución cuando bien pudiera ser el caso que, en caso de haber una consulta nacional, ganen aquellos que solo quieran modificar la actual.

 

Pese a los esfuerzos de Bachelet por minimizar los temores sobre la incerteza jurídica que existe en cuestiones tributarias, laborales y constitucionales; su discurso sólo logró confirmar el profundo sesgo anti iniciativa privada que marca al gobierno de la Nueva Mayoría. En su discurso, Bachelet usó el término “público” 21 veces, la palabra “Estado” 20 veces y solo ocho veces la palabra “privado”.

 

Lamentablemente para Bachelet, este discurso del 21 de mayo quedará marcado por los desmanes protagonizados por un grupo de encapuchados que lanzaron bombas molotov a varias tiendas, provocando varios incendios y la muerte de un guardia que quedó atrapado en uno de los edificios siniestrados.

 

Como el discurso de Bachelet ocurrió solo días después que varios legisladores de su propia coalición anunciaran su decisión de cuestionar la constitucionalidad del control preventivo de identidad -uno de los elementos de la agenda anti-delincuencia del gobierno- la violencia de las protestas opacó el mensaje de Bachelet en la peor forma posible. Después de haber sido duramente criticado por no poder poner freno a la creciente ola de delincuencia, el gobierno fue víctima de los desmanes de los encapuchados en su propia puesta en escena más importante del año. Es verdad que los encapuchados no pudieron entrar al Congreso, pero las palabras que Bachelet dirigió al país se han disipado rápidamente ante la consternación que ha causado la muerte del trabajador Eduardo Lara como causa de la violencia que ya se ha convertido en un complemento infaltable cada 21 de mayo.