El rescate de TVN

Patricio Navia

El Líbero, mayo 20, 2016

 

Chile, la televisión abierta ha dejado de ser gratuita. Independientemente de sus preferencias televisivas —o de si usted incluso ve televisión—, cada chileno deberá contribuir este año con $3.800 pesos para paliar el déficit que acarrea TVN y para financiar la puesta en marcha del canal cultural que aspira a poner en funcionamiento el canal estatal.

 

La Presidenta Bachelet firmó ayer una indicación sustitutiva al proyecto de ley que moderniza TVN y que lo mandata a crear un canal cultural educativo. La indicación entrega un rescate de US$70 millones a TVN para ayudarlo a recuperarse de su difícil momento económico. El proyecto también mandata a TVN para crear un canal cultural de libre recepción y sin propaganda. Para eso, asignaría US$25 millones adicionales a los mismos ejecutivos que hoy manejan TVN y que han llevado al canal a una situación económica insostenible.

 

Hay buenas razones para creer que las señales abiertas de televisión no debieran estar en manos del gobierno. En Chile, para evitar el uso político de TVN, la institucionalidad del canal se modificó para evitar que el gobierno de turno controlara a su antojo el contenido. Pero en vez de crear un canal autónomo, la Concertación y la Alianza —ahora reinventadas como Nueva Mayoría y Chile Vamos— decidieron cuotearse el canal, nombrando miembros en el directorio que defendieran los intereses de los partidos que forman ambas coaliciones. El gobierno de turno se reservaría el derecho de nombrar al presidente del directorio. El arreglo pareció tan exitoso que TVN mantuvo el cuoteo partidista cuando el país escogió a Sebastián Piñera presidente en 2010 y cuando Michelle Bachelet regresó a La Moneda en marzo de 2014.

 

Pero lo que funciona bien para las dos coaliciones dominantes del país no funciona necesariamente bien para responder adecuadamente a las demandas de la audiencia ni para el ejercicio financiero del canal. En años recientes, TVN ha sido especialmente lento para ajustar su parrilla programática a las rápidamente cambiantes necesidades de la audiencia. Como resultado, el canal ha perdido televidentes e ingresos por publicidad.

 

Como los miembros del directorio del canal están más preocupados de resguardar los intereses de los partidos políticos que los nombraron, la respuesta de los encargados de velar por la salud financiera del canal ha sido lenta y equívoca. Después de todo, los miembros del directorio saben que, en la medida en que defiendan los intereses de las dos grandes coaliciones, el gobierno va a venir al rescate del canal si los resultados financieros son muy desastrosos.

 

En teoría, es atractiva la idea de que exista un canal público con contenidos culturales y que no dependa de la competencia del rating para sobrevivir. Pero como los recursos del Estado son escasos, destinar US$25 millones a un canal cultural significa construir un hospital menos por año —del tamaño del de Aysén—. Es verdad que la cultura es importante, pero también lo son la salud, la educación, la infraestructura y las pensiones. Los gobiernos tienen que asumir la dura tarea de establecer prioridades. Si el gobierno quiere impulsar un canal de televisión cultural, tal vez el camino correcto sea reasignar recursos desde otras áreas del Ministerio de Cultura, y no aumentar el presupuesto de cultura, especialmente en un momento en que el propio gobierno ha insistido en la necesidad de ser más responsable fiscalmente.

 

Adicionalmente, hay otro problema cuando el Estado entra a rescatar a un canal que debe competir con las reglas del mercado pero que ha sido incapaz de hacerlo bien —pese a que sus altos ejecutivos reciben una compensación conmensurada con las altas expectativas que han sido incapaces de satisfacer—. Si el Estado rescata a TVN hoy, establece un lamentable precedente para el futuro. Los futuros ejecutivos del canal sabrán que, independientemente de qué tan bien o mal lo hagan, recibirán altas compensaciones. Y si lo hacen mal, el Estado entrará a rescatar el canal. Luego, no habrá incentivos para que se esmeren en lograr que el canal tenga números azules.

 

En un contexto de enfriamiento de la economía nacional y cuando el gobierno está haciéndose demasiados autogoles como para que la opinión pública pueda fijar su atención en alguno en particular, el rescate a TVN combina varios de los elementos que tienen a la democracia chilena en un estado de preocupante empeoramiento. Especialmente cuando es momento de ajustarse el cinturón para ser fiscalmente más responsable y así ayudar al país a salir del estancamiento, el gobierno ha demostrado —contrario a lo que advirtiera el ministro Jorge Burgos a los pescadores de Chiloé— ser de billetera fácil.

 

En esta ocasión, el beneficiario de la dadivosa intervención del gobierno usando plata de todos los chilenos ha sido TVN, el canal que supuestamente era de todos los chilenos y que se ha convertido en el canal cuoteado entre la Nueva Mayoría y Chile Vamos pero pagado, eso sí, por todos los chilenos.