Las primarias municipales de la Nueva Pillería

Patricio Navia

El Líbero, mayo 13, 2016

 

La sentencia del Tribunal Calificador de Elecciones (TRICEL) que revierte la negativa del Servicio Electoral a aceptar la inscripción de primarias de la Nueva Mayoría para las elecciones municipales desnuda debilidades en la institucionalidad electoral vigente. Pero también deja en claro la maliciosa actitud de la Nueva Mayoría que, la noche de su fallida inscripción, declaró que quería inscribir primarias en 95 comunas y que ahora sólo lo hará en 66.

 

Probablemente nunca sabremos muy bien cuál fue la razón de la fallida inscripción de las primarias de la Nueva Mayoría el miércoles 20 de abril. De acuerdo al testimonio de la directora subrogante del Servicio Electoral, Elizabeth Cabrera, el conglomerado nunca intentó registrar una lista de candidatos. Presumiblemente, los líderes de los partidos de la coalición gobernantes se presentaron en el Servel con el objeto de hacer un show, a sabiendas que no tenían acuerdo sobre el número de comunas en las que realizar las primarias.

En cambio, la Nueva Mayoría —después de un mea culpa inicial— ha acusado insistentemente a Cabrera de haber actuado de forma discriminatoria al no permitir la inscripción de primarias en 95 comunas. El Presidente del Partido Radical, Ernesto Velasco, al reconocer la responsabilidad parcial de su coalición, además añadió “está claro que vamos a tener primarias sí o sí en esas 95 comunas. Pero nosotros queremos que sean legales”. El senador Jaime Quintana, ex presidente del PPD, comentando ese “bochorno democrático”, confirmó que “en 95 comunas teníamos un acuerdo y teníamos todos los antecedentes para esas 95 primarias”.

 

Sorpresivamente, ahora que el Tricel ha dado la razón a la Nueva Mayoría, el número de comunas en las que se realizarán primarias ha bajado de 95 a 66. La mala fe de los partidos de la coalición gobernante es evidente, ya sea porque nunca tuvieron acuerdo para realizar primarias en 95 comunas o porque, violando el espíritu de la ley que establecía como plazo el 20 de abril, han aprovechado el tiempo adicional para reducir el número de comunas en las que realizarán primarias. De cualquier modo, la disminución de 95 a 66 en el número de comunas en que realizará primarias refleja el débil compromiso de la Nueva Mayoría con abrirle espacios de participación real a la gente en la toma de decisiones clave. Mientras por un lado la Presidenta Bachelet impulsa un proceso consultivo no vinculante en su intento por impulsar una nueva constitución, por otro —con la anuencia de la propia Presidenta— la coalición de gobierno da un portonazo a la posibilidad de que los chilenos en las 345 comunas del país participen en la selección de los candidatos a alcaldes de esa coalición. Aunque es mejor tener primarias que no tenerlas, la Nueva Mayoría ha demostrado un débil compromiso con la participación ciudadana en instancias vinculantes que den a la gente poder político real.

 

La decisión del Tricel también desnuda la impericia del Servel para lidiar con esta situación. Después de la muerte del director ejecutivo Eduardo Charme a comienzos de abril, asumió la directora subrogante Elizabeth Cabrera, quien ya había generado polémica cuando firmó el documento que rechazaba la solicitud de inscripción de Revolución Democrática porque esa coalición usaba el sustantivo “revolución” en su nombre. La evidente falta de criterio, y sentido común, de Cabrera debió servir de advertencia para que el Consejo Directivo buscara un encargado distinto después de la muerte de Charme.

 

Adicionalmente, el propio Consejo Directivo ha sido cuestionado por ser conformado por 5 miembros que se cuotean entre las dos coaliciones dominantes del país. Además de Juan Emilio Cheyre —que fue inicialmente nombrado presidente del Consejo, pero debió renunciar por un caso de violaciones a los derechos humanos en dictadura en el que se le acusa de haber estado involucrado—, el Consejo está compuesto por directivos cercanos al PS, DC (el presidente actual) y RN. El quinto miembro del Consejo, el abogado Gonzalo Molina, cercano a la UDI, recientemente debió renunciar por verse involucrado en el escándalo de financiamiento irregular de campaña de SQM. El evidente cuoteo político del Servel abre un flanco para los cuestionamientos a la necesaria independencia y autonomía que debe tener un organismo cuya obligación es velar por igualdad de condiciones para todos los candidatos y partidos, especialmente aquellos que no son parte de las dos coaliciones dominantes.

 

Es difícil pensar en alguna arista que resulte positiva en esta seguidilla de tropiezos y cuestionables decisiones que han rodeado al affaire de las primarias municipales de la Nueva Mayoría. Si bien el Servel ha dejado mucho que desear, la Nueva Mayoría ha hecho honor al calificativo de nueva pillería que le dieran algunos detractores cuando esa coalición estrenó su nuevo nombre en la campaña presidencial de 2013.