La retroexcavadora no arranca las raíces del modelo

Patricio Navia

El Líbero, mayo 3, 2016

 

El reciente anuncio de Hernán Büchi de que se irá del país debido a la creciente incerteza jurídica dice tanto sobre lo que ha ocurrido en el país en estos dos años como sobre lo que parte de la derecha anticipa va a ocurrir en la elección presidencial de 2017. Como algunos en la derecha dudan de la profundidad de las raíces del modelo de libre mercado, temen que un gobierno pueda arrancar con una simple retroexcavadora las raíces de la economía de mercado. Afortunadamente, los chilenos quieren terminar con el abuso y la corrupción, no con el modelo que se basa en la feroz competencia en una cancha pareja donde todos tengan iguales oportunidades.

 

Ante la polémica que generó una entrevista a Hernán Büchi en la revista Capital, el propio Büchi salió a explicar las razones de por qué le duele Chile. Si bien es comprensible que un connotado hombre de derecha vea con malos ojos lo que está pasando en el país desde que la Nueva Mayoría llegó al poder en marzo de 2014, pareciera ser que el ex ministro de Hacienda olvida un elemento esencial en toda democracia. Los gobiernos son finitos y las políticas que impulsan —por más fundacionales que busquen ser— pueden ser modificadas por futuros gobiernos.

 

Varias de las políticas que dan pie para que Büchi hable de falta de certezas jurídicas dependen de la voluntad del próximo gobierno para sobrevivir. La reforma tributaria de 2014, ya modificada en 2015, probablemente será sometida a nuevas modificaciones cuando entre en régimen. Es más, si hay una certeza jurídica en cada democracia desarrollada es que los resultados de las elecciones tienen impacto en los regímenes tributarios. Cuando gana la izquierda, a menudo aumentan los tributos para financiar el gasto social. Pero cuando gana la derecha, a menudo los tributos disminuyen para promover el emprendimiento y el crecimiento económico.

 

El futuro de la reforma educacional de 2014, que terminará gradualmente con el lucro, el copago y la selección en la educación básica y secundaria dependerá también de la voluntad del próximo gobierno. Si aumentan las objeciones a la dirección que toma la reforma, el próximo gobierno podrá cambiar la dirección. La reforma que establece la gratuidad en la educación superior tiene una base aún más débil, en tanto ni siquiera hay una ley que la regule. El proceso constituyente que impulsa el gobierno no pasa de ser, para los efectos legales, una consulta no vinculante que alimentará una propuesta de cambio constitucional que hará el gobierno más impopular desde el retorno de la democracia justo antes de irse.

 

De ahí que el pesimismo de Büchi parece injustificado cuando se toma en cuenta que este gobierno ya está en la segunda mitad de su periodo. En menos de un año, ya tendremos candidatos presidenciales haciendo activamente campaña para las primarias de sus respectivas coaliciones. En dos años, el nuevo gobierno estará impulsando su propia agenda de reformas.

 

Pero tal vez el pesimismo de Büchi responde a la expectativa de que el próximo gobierno seguirá por el mismo camino que ha tomado la administración de Bachelet. El ex ministro parece tener pocas esperanzas de que las elecciones de 2017 resulten en un giro del electorado hacia un gobierno más comprometido con el modelo del libre mercado y la competencia. Aunque las encuestas muestran que el candidato favorito para ganar las elecciones de 2017 es el ex Presidente Piñera (y su rival más probable es el ex Presidente Lagos, otro amigo del mercado), Büchi parece menos convencido del posible retorno de la derecha al poder o de la capacidad de un gobierno de derecha para profundizar el modelo y emparejar la cancha de tal forma de evitar que los estatistas retrógrados —o algunos capitalistas abusadores o coludidos— lo destruyan.

 

Afortunadamente, las bases del modelo son más profundas que lo que se necesita para desmantelarlas con una retroexcavadora. Es cierto que Chile pasó por una fiesta refundacional que se inició con la victoria de Bachelet en 2013 y continuó con reformas bien intencionadas, pero apresuradas y mal diseñadas. Pero hoy ya sentimos la resaca de una fiesta que devino en nulo crecimiento y creciente desempleo. Con el fin del boom de los commodities, nos encontramos con un desafío que nos obliga a repensar las prioridades del gasto público. Los chilenos quieren que la riqueza se reparta mejor y haya menos abuso, pero no quieren matar la gallina de los huevos de oro para repartirse la carne. Ahora que la gallina se asustó y ha dejado de poner huevos, los chilenos se comienzan a decepcionar de los cantos de sirena refundacionales.

 

Aunque el pesimismo de Büchi sobre la dirección en la que va el país sea justificado, las bases del modelo que él ayudó a fundar y que la Concertación ayudó a crecer son mucho más profundas como para que las destruya una retroexcavadora operada por un gobierno poco hábil, crecientemente impopular y al que rápidamente se le acaba el tiempo.