El camino propio del PDC

Patricio Navia

El Líbero, marzo 15, 2016

 

La amenaza del PDC de que romperá a la Nueva Mayoría para buscar el camino propio en las elecciones de 2017 resulta poco creíble tanto porque no hay camino propio sin candidato presidencial viable así como porque el PDC se niega a competir con una lista propia de concejales en las municipales de 2016.

 

Desde que en 1988 fundó la Concertación como socio mayoritario, el PDC ha perdido influencia de forma gradual, pero irreversible. Después de ocupar La Moneda por 10 años, el PDC lleva 16 años sin ocupar la primera magistratura. En 2001, fue superado por la UDI como el partido más votado y con más legisladores. Luego de representar más de la mitad de los votos de la Concertación a comienzos de los 90 —y tener la mitad de los parlamentarios oficialistas— con un 15,6% de la votación en 2013, el PDC sólo contribuyó con uno de cada tres votos de la Nueva Mayoría. Hoy, solo menos de un tercio de los diputados del oficialismo son DC.

 

Dado el difícil contexto de la transición a la democracia, el camino de moderación que proponía el PDC fue apropiado y productivo. Pero a medida que se fue consolidando la democracia, el PDC pasó de ser una voz de mesura a convertirse en un freno conservador desconectado de la realidad de Chile. Si a comienzos de los 90 era riesgoso empujar la demanda por justicia a los violadores de los derechos humanos, hoy resulta incomprensible frenar el debate sobre el aborto. Aunque hay argumentos razonables para oponerse al aborto, el PDC no parece querer convencer a la opinión pública, sino evitar el debate.

 

Es evidente que la Nueva Mayoría está hoy a la izquierda de la Concertación. Pero ese realineamiento ideológico se ha dado precisamente porque la DC se ha visto debilitada, no es la causa de su debilidad.

 

Cuando el gobierno de Piñera corrió el cerco ideológico hacia la izquierda, los partidos de izquierda aprovecharon la coyuntura para poner temas en la agenda que habían sido excluidos hasta antes de 2010. Eso dejó al PDC en una posición especialmente incómoda. Aunque la historia la aleja de la derecha y la une a la izquierda, su ideología la hermana con la derecha y la distancia de la izquierda.

 

Pero como los cuatro años de travesía del desierto entre 2010 y 2014 fueron muy duros, el PDC no quiere ahora renunciar al botín del poder solo porque no comulga ideológicamente con La Moneda. Por eso, para mostrar su disconformidad, el PDC amenaza con romper la Nueva Mayoría y tomar un camino propio para enfrentar las elecciones de 2017.

 

Pero esa actitud es la misma que tiene un hijo malcriado que nunca estudió ni trabajó y se quedó viviendo en casa de los papás hasta los 40 años. Como el hijo flojo no tiene trabajo ni dónde vivir, sus amenazas de que pronto se irá son ignoradas por los padres. Además, ya que quiere salir a carretear el fin de semana, el hijo igual pide una mesada cinco minutos después de anunciar que el próximo año sí se va de la casa.

 

Para que la amenaza de quiebre sea creíble, el PDC necesita demostrar que tiene un candidato presidencial viable, que está dispuesta a cruzar la trinchera y formar una coalición con la derecha o que está preparada para una travesía del desierto mientras articula una alternativa a las ya consolidadas opciones de derecha e izquierda que hoy existen en el país.

 

Aunque hay varios DC con ganas de ser presidenciables, no hay nadie con suficiente carisma y atractivo personal como para liderar una campaña que aspire a pasar a segunda vuelta o que al menos garantice mantener el número de parlamentarios que hoy tiene el partido siendo parte de la Nueva Mayoría.

 

Incomprensiblemente, el PDC tampoco está dispuesto a superar las divisiones del pasado y formar una coalición con partidos moderados de derecha. El PDC está hoy más anclado en la división del Sí y el No que ningún otro partido en Chile. Aunque su capacidad de negociación mejoraría mucho si anuncia que está igualmente disponible para negociar con la derecha o la izquierda, al cerrar la puerta a un pacto con la derecha, el PDC renuncia a la ventaja que da ser el principal partido de centro.

 

Finalmente, como el PDC prefiere la comodidad de una coalición en la que no se siente ideológicamente a gusto que la incomodidad de defender sus posturas ideológicas estando fuera del poder, sus amenazas de salirse de la Nueva Mayoría solo se materializarán si es evidente que esa coalición no tiene chance alguna de ganar la próxima elección presidencial. De hecho, el PDC ni siquiera ha intentado probar su peso específico impulsando una lista propia para las elecciones de concejales de 2016.

 

Temiendo quedar en un distante tercer lugar detrás de una Nueva Mayoría izquierdista y una coalición de derecha, el PDC es como un perro que ladra pero no muerde. La amenaza del camino propio resulta poco creíble precisamente porque nadie en el PDC está dispuesto a pagar los costos que implica dejar la comodidad que implica ejercer el poder por los dos años que restan al gobierno de Bachelet.