Ex presidentes prefieren sandías caladas

Patricio Navia

El Líbero, marzo 1, 2016

 

La creciente especulación sobre si los ex presidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera finalmente se decidirán a ser candidatos presidenciales en 2017 desnuda uno de los problemas más evidentes que tienen aquellas personas que ya fueron presidentes cuando deben decidir si buscarán volver al poder. Como un pretendiente que quiere primero saber la respuesta de su pretendida antes de pedirle matrimonio, Lagos y Piñera parecen estar pidiendo sandías caladas antes de decidir si competirán en la próxima elección presidencial.

 

En democracia, las personas escogen entre las distintas opciones que se presentan a una elección.  Aunque muchas personas que votan a partir de su ideología o su historia de vida ya tienen decidido su voto para todas las futuras elecciones, un porcentaje relevante de ciudadanos decide su voto a partir de una combinación de elementos que incluyen también su evaluación sobre los atributos de los candidatos, sobre el momento por el que atraviesa el país y sobre las expectativas de cómo se vendrán los próximos años. Como la decisión del voto la toman solo cuando conocen bien las opciones que hay sobre la mesa, esas personas no van a apoyar todavía a ningún candidato. Esos votantes indecisos —que irónicamente son los que en última instancia deciden las elecciones— no van a comprometerse hoy con las candidaturas de Lagos, Piñera o algún otro candidato.

 

En sus declaraciones recientes, Lagos y Piñera han dado a entender que, si se dan circunstancias favorables, ellos se animarán a buscar las candidaturas presidenciales de sus coaliciones en 2017.  Atribuyéndose una especie de derecho preferente dada su condición de ex presidentes, ambos han dicho que anunciarán su decisión más adelante —alimentado las especulaciones de que quieren ser candidatos—. Ambos también han mantenido agendas de actividades y declaraciones que confirman las sospechas de que quieren serlo, Pero los dos han sido menos claros respecto a su disponibilidad para ganar la nominación presidencial a través del mecanismo de primarias abiertas.

 

Cuando la credibilidad de la clase política está por el piso, Lagos y Piñera parecen querer que sea esa misma clase política —y no la ciudadanía a través de un proceso institucional y democrático— quien decida el nombre de los candidatos de las dos grandes coaliciones.

 

Su poca disponibilidad para apoyar el mecanismo de primarias para elegir al candidato de cada coalición —independientemente de si ellos participen del proceso— refleja una contradicción con el discurso a favor del empoderamiento ciudadano y la profundización de la democracia. Si ellos no fueran a buscar la nominación, lo razonable sería que apoyaran el mecanismo de primarias para que sus coaliciones escojan a sus abanderados. Pero como están pensando ser candidatos, prefieren que las coaliciones los confirmen por aclamación en vez de tener que someterse a las complicaciones que implica participar en una campaña con otros aspirantes que se dedicarán a recordarles sus errores y a destacar sus debilidades.

 

Esta inclinación a preferir sandías caladas es comprensible. Después de todo, es normal que las personas quieran que el camino para alcanzar sus metas esté lo más despejado posible. Pero lo que es bueno para los ex presidentes no es necesariamente bueno para el país. Las primarias abiertas y vinculantes constituyen una oportunidad inmejorable para que la gente conozca más sobre los candidatos. Es verdad que los ex presidentes ya tienen un récord sobre el que pueden ser evaluados, pero las campañas permiten a las personas realizar una comparación de desempeño entre distintos aspirantes. Hay algunos ex presidentes que pueden aspirar a ser como el vino, mientras más años, mejor. Pero hay otros que han demostrado ser como los automóviles, mientras más kilometraje en el cuerpo, peor es su desempeño.  Por eso, no es oportuno que los ex presidentes pretendan eximirse del exigente y saludable ejercicio de primarias, para que la gente pueda decidir por sí misma si ellos están en condiciones de asumir las duras tareas que implica ser presidente.

 

En democracia, los candidatos son los que buscan empleo y los electores deben tomar la decisión de cuál de los aspirantes será premiado con el trabajo de dirigir al país por los próximos cuatro años. El proceso electoral está diseñado para que los electores tengan la mayor cantidad de información disponible sobre los candidatos antes de tomar una decisión. Cuando los candidatos actúan como si tuvieran el puesto asegurado, o creen que por su desempeño anterior no están obligados a someterse al mismo proceso de escrutinio que sus rivales novatos, la democracia no puede funcionar bien. Precisamente porque ellos han ayudado a construir las instituciones que hoy poseemos, los ex presidentes Lagos y Piñera, si finalmente se deciden a ser candidatos, deberán someterse al proceso de primarias que ellos mismos ayudaron a institucionalizar.