Mi familia no me falló

Patricio Navia

El Líbero, febrero 19, 2016

 

Si bien el ex Presidente Sebastián Piñera correctamente insinúa que las acciones de miembros de la familia —y del círculo cercano en general— de la Presidenta Michelle Bachelet han avergonzado a la Mandataria y han causado un daño irreparable a su gobierno, al pronunciar la frase “mi familia no me falló”, el ex Presidente Piñera se pone en un pedestal de superioridad moral impropio. Además de que resulta innecesario dispararle a una Presidenta herida —y condenada por la opinión pública—, la frase de Piñera invita a sus adversarios a que refloten los múltiples escándalos de conflictos de intereses, letra chica y promesas incumplidas que rodearon el cuatrienio del primer Presidente de derecha desde el retorno de la democracia.

 

Afectado por la incontinencia verbal que le causó tantos dolores de cabeza en su presidencia, Sebastián Piñera se metió innecesariamente en un terreno resbaladizo al comparar el errático comportamiento de Bachelet desde que surgió el escándalo Caval con lo que él hizo como Presidente de la República. Era innecesario que el Presidente se sumara a las extendidas críticas que se le han hecho a Bachelet desde todos los frentes por la forma en que reaccionó ante las revelaciones sobre los negocios inmobiliarios de la empresa de su nuera, y en los que participó su hijo, Sebastián Dávalos. Incluso los aliados de la Presidenta han sido severos al criticar el accionar de Bachelet. De hecho, cuesta encontrar a alguien que salga en defensa de la forma en que Bachelet reaccionó ante el escándalo Caval. Por eso mismo, era innecesario que Piñera se sumara al veredicto generalizado de que Bachelet se equivocó profundamente en nombrar a su hijo a un cargo tan importante y en la forma que reaccionó y hasta ahora ha manejado las distintas aristas del escándalo Caval.

 

Además de errar al sumarse a los críticos, Piñera también equivocó la forma en que articuló su crítica. Al comparar su comportamiento con el de Bachelet, Piñera adoptó una posición de superioridad moral. Las críticas nunca pueden ser constructivas cuando el que critica se pone a sí mismo como ejemplo de cómo hacer las cosas bien. Como ex Presidente, y potencial candidato presidencial en 2017, Piñera no necesitaba sumarse al coro de críticos de Bachelet. De hacerlo, debió evitar decirle a Bachelet que ella debió haber copiado la forma en que él evitó que su familia le causara un tropiezo tan significativo como el que Sebastián Dávalos y Natalia Compagnon le han causado a Bachelet.

 

Lo peor de esta nueva incontinencia verbal de Piñera es que da una oportunidad a sus críticos para que destapen todas las polémicas sobre conflictos de interés, letra chica y tráfico de influencia que existieron entre 2010 y 2014 y que afectaron a varios miembros del círculo íntimo de Piñera y al propio Presidente. Desde la retrasada venta de Chilevisión y de las acciones de LAN hasta su resistencia a desprenderse de las acciones de Blanco y Negro, Piñera se movió al filo de la ley y mucho más allá de lo que deberían ser los límites éticos de la primera autoridad del país. Los escándalos que afectaron al SII, al INE (con el fallido mejor censo de la historia) y a varios polémicos nombramientos de ministros y subsecretarios provocaron un daño profundo a la credibilidad del gobierno y constituyeron abundantes municiones para que la oposición izquierdista acusara al gobierno de representar los intereses de los ricos y no buscar el bienestar de la mayoría. No hay que olvidar que los casos Penta y SQM involucran a ex ministros y subsecretarios de su administración y que el caso Penta también salpica a la sociedad en que Piñera maneja su patrimonio. No es por nada que, en la elección que constituyó la última evaluación al gobierno de Piñera, la derecha haya obtenido su peor votación desde el retorno de la democracia.

 

Como presunto candidato presidencial de la derecha en 2017, Piñera necesita poner el acento en las necesidades del país hoy. El objetivo de cada ex Presidente es evitar que la futura campaña se convierta en un referéndum sobre su gestión anterior o en una oportunidad para que sus críticos saquen a flote los errores cometidos por su gobierno. Nada peor para un ex Presidente en campaña que poner el foco en el pasado.

 

Al criticar a Bachelet con una comparación innecesariamente hiriente, Piñera le hace un flaco favor a sus aspiraciones electorales y a la memoria de su propio gobierno. Especialmente ahora que el gobierno de la Nueva Mayoría ha trastabillado tanto y el país carece de dirección política, la evaluación que la ciudadanía hace del gobierno de Piñera inevitablemente tiende a mejorar. Cuando el propio Presidente Piñera se ubica en una posición de superioridad moral, esa evaluación que la ciudadanía hace de su gobierno se contamina por la polarización a la que obliga la utilización electoral de las fortalezas y debilidades de cada administración de cara a la próxima campaña presidencial.