El autosabotaje de Bachelet

Patricio Navia

El Líbero, febrero 9, 2016

 

La aparente obsesión del gobierno por cometer errores no forzados cada vez que las encuestas parecieran comenzar a mejorar lleva a pensar que la Presidenta Bachelet no puede evitar sabotear el éxito de su segundo y último periodo en el poder. La revelación de que La Moneda ha contratado la realización de un documental sobre el cuatrienio demuestra que el gobierno no entiende cuáles son las prioridades de la gente ni se da cuenta de la necesidad de focalizar el gasto público ahora que el boom del precio del cobre llegó a su fin.

 

Cuando son electos con una mayoría tan abrumadora como la que en 2013 llevó a Bachelet a La Moneda, los gobiernos corren el riesgo de creer que la gente está más preocupada del chofer que del destino. Si bien nadie se sube a una micro si no confía en el chofer, la confianza en él se desvanece rápidamente si, al poco andar, la micro se queda estancada en el barro o comienza a dar vueltas en círculo.

 

Ahora que la gente duda de la habilidad de Bachelet para llevar al país al destino que prometió, los estrategas del gobierno se dividen entre los que quieren convencer a los chilenos de que en realidad vamos bien encaminados y los que quieren destacar las buenas intenciones que motivan a la Presidenta Bachelet. Los promotores de la idea de gastarse 40 millones de pesos en un documental sobre las obras del gobierno corresponden al segundo grupo.

 

Pero casi nadie en Chile cree que Bachelet tenga malas intenciones. Los chilenos están convencidos de que ella quiere cosas buenas para Chile. Solo dudan de si la Presidenta es capaz de dar el ancho. La decisión de gastar plata en un documental confirma las sospechas de que Bachelet ha perdido el tono y también la sintonía que la gente quiere y espera de su Presidenta.

 

Los que en cambio se esfuerzan en demostrar que el país avanza por buen rumbo pueden ver en el documental una oportunidad para combatir la percepción generalizada de que Chile ha perdido la hoja de ruta al desarrollo. Pero, para ellos, el timing del documental es desafortunado. Cuando no se ha cumplido la mitad del periodo, es inconveniente que el vocero del gobierno justifique el documental diciendo que “todos los gobiernos hacen un ejercicio de compilación al final de sus mandatos”. Además de generar sospechas por el mecanismo de selección usado para escoger a la cineasta que hará el documental, la posición defensiva que ha adoptado el gobierno refleja la poca convicción que existe en La Moneda sobre la conveniencia política de aceptar tácitamente que el gobierno va de salida. En su afán por defender al gobierno, algunos líderes de la Nueva Mayoría han justificado el gasto en el documental comparándolo con el gasto que hizo el gobierno de Piñera en producir libros sobre su gestión al final de su mandato. Pero si lo mejor que puede hacer la Nueva Mayoría es justificarse diciendo que han hecho lo mismo que hizo Piñera, entonces la única barra a la que aspiran es a no pasar a la historia como el gobierno con la peor evaluación pública desde el retorno de la democracia.

 

De vacaciones, la Presidenta probablemente no se referirá a la polémica. Pero parece improbable que Bachelet no supiera sobre la iniciativa. En un contexto de una economía estancada y con una fuerte presión sobre el gasto público, este tipo de iniciativas —que respecto a la magnitud del gasto público constituye apenas un pelo en la sopa— envía una señal equivocada sobre las prioridades del gobierno.  Cuando el gobierno debiera estar apretándose el cinturón para focalizar el gasto público en lo esencial, la revelación sobre el financiamiento para este documental alimenta la idea de que La Moneda está más preocupada de construir el legado de Bachelet que del bienestar de los chilenos que votaron por ella.

 

No es la primera vez que el gobierno se tropieza con una piedra plantada por el propio gobierno en lo que reconocidamente ha sido un camino difícil y lleno de complicaciones. Si 2015 fue un año para olvidar, el inicio de las vacaciones de 2016 se anticipa complejo por la difícil coyuntura económica internacional y por la presión que pondrá sobre el gobierno el inminente inicio de la campaña municipal. La polémica que se ha levantado por la decisión del gobierno de financiar la realización de un documental sobre el segundo mandato de Bachelet constituye un error no forzado que refleja falta de conducción política. Porque de haber sabido, Bachelet debió parar esa polémica iniciativa y, de no haber sabido, Bachelet confirma que no está en el control de las decisiones políticamente sensibles que se toman en La Moneda, no hay forma de que la Presidenta salga bien de esta nueva polémica. Porque ya se acumulan demasiadas señales de que La Moneda está más preocupada de proteger al chofer que de asegurarse que el país vaya por un buen rumbo, esta polémica alimenta duda sobre una posible inclinación de la Presidenta a sabotear sus propias posibilidades de éxito.