Hacer campaña contra la constitución de Pinochet

Patricio Navia

El Líbero, octubre 27, 2015

 

Después de haberse especializado en competir en elecciones haciendo campaña contra la dictadura, la Concertación —y la Nueva Mayoría— intentan convertir las elecciones de 2017 en una nueva disputa entre el sí y el no. En vez de Pinochet, esta vez será la constitución de Pinochet. Hábilmente, la Nueva Mayoría está rayando la cancha para dividir al país entre los que quieren la constitución de Pinochet y los que quieren una nueva constitución.

 

Cuando una coalición política tiene un martillo, cree que todos los problemas son clavos. Cuando ese martillo le ha permitido ganar cinco de las últimas seis elecciones presidenciales, esa coalición necesita hacer que todos los problemas se conviertan en clavos. Porque sabe que no puede ganar por sus propios pergaminos, la NM ahora intenta competir contra el legado de Pinochet.

 

A sólo dos años de haber arrasado en la elección de 2013, el valor de la NM se ha devaluado significativamente. Las reformas que ambiciosamente llegó a impulsar Bachelet se han entrampado. La gente quería cambios y votó ampliamente por ellos, pero ahora duda del camino que están tomando los cambios. Bachelet prometió repartir los frutos de la abundancia. Pero la abundancia se acabó y la gente ahora quiere alguien capaz de hacer que vuelvan los años de las vacas gordas. Dos años después de que Bachelet arrasó en las elecciones, los chilenos creen que la Presidenta no sabe cómo alcanzar su objetivo y dudan de que, ante vientos desfavorables, ella sepa cómo guiar el barco.

 

Ya que no puede confiar en su propio desempeño al mando del país como argumento para mantenerse en el poder después de 2017, la NM necesita una estrategia para ganar las próximas elecciones. Demostrando habilidad política (pero poca creatividad), la NM ha optado por intentar recrear el escenario del plebiscito. La decisión es comprensible. Después de todo, cada vez que queda encerrada en la lógica del plebiscito, la derecha cae derrotada.

 

Es comprensible entonces que la coalición derechista trate de anular la estrategia minimizando el debate sobre la nueva constitución. Pero no es lo mismo decir que se requiere reformar la constitución que decir que hay que tener una nueva constitución. Si la Alianza quiere defender la institucionalidad, debe optar por la reforma (por cierto, si los partidos de derecha gustaran tanto de la institucionalidad, no cambiarían el nombre de su coalición para cada elección). Si la Alianza en cambio opta por aceptar que debe haber una nueva constitución (para anular la estrategia de la NM de recrear el plebiscito de 1988 en 2017), el remedio pudiera terminar siendo peor que la enfermedad. Por el momento, Chile Vamos se ha mantenido en la ambigüedad. El ex Presidente Piñera propuso un camino de reformas a la constitución, pero habló de “nueva constitución”. Como el camino propuesto por Piñera excluye el proceso de participación popular y limita el plebiscito solo a ratificar un acuerdo de las elites, la respuesta de la NM será tomar la bandera de que si la constitución es de todos, la debemos hacer entre todos.

 

De poco sirve advertir que es imposible que un proceso constituyente nos involucre a todos. Incluso si optamos por la AC, la constitución será redactada por un grupo de representantes electos que responderán más a los intereses de los partidos que a los de la sociedad civil. Después de todo, la democracia no puede existir sin partidos —y en ninguna parte la sociedad civil ha sido capaz de remplazar a los partidos—. Pero el solo sugerir que la sociedad civil estará limitada en su participación restará popularidad a cualquier propuesta de nueva constitución. La paradoja de la democracia es que la gente quiere tener el derecho de ser protagonista de la democracia aunque nunca ejerza ese derecho. Por eso, cualquier propuesta de avanzar hacia una nueva constitución desde la elite y sin participación ciudadana no encontrará agua en la piscina de la opinión pública.

 

De ahí que pudiera resultar más costoso comprarse el discurso de la nueva constitución —para anular la pinochetización del debate político— que asumir los costos de ser tildado como defensor de Pinochet y defender la postura que se necesitan reformas constitucionales, pero no una nueva constitución.

 

Ahora que recién se empieza a dibujar la cancha de lo que será el debate político en los próximos dos años, la Nueva Mayoría ha dejado en claro que querrá polarizar al país compitiendo contra la constitución de Pinochet. Si toma la bandera de la institucionalidad y defiende la Constitución de 1980, modificada y mejorada en democracia, tendrá mejor opción de frenar el camino hacia la Asamblea Constituyente. En cambio, si acepta que Chile necesita una nueva constitución, la Alianza se abrirá a un debate del que difícilmente podrá salir ganadora. La Alianza habrá matado el fantasma de Pinochet, pero también habrá enterrado su defensa de que el camino de las reformas constitucionales es mejor que el refundacional.