La elección presidencial de 2017

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 22, 2015

 

Aunque recién estamos a dos años de que se deban inscribir las candidaturas para la contienda presidencial de noviembre de 2017, la percepción dominante de que la retroexcavadora se quedó atascada ha apurado el posicionamiento de los presidenciables. Las estrategias que han tomado los distintos presidenciables dan luces sobre la lectura que hace la clase política respecto a cuál es la situación actual del país y qué tipo de liderazgo buscan los chilenos. Los que promueven negociaciones de elite a espaldas a la ciudadanía y los que creen que no hay que cambiar nada (o que hay que cambiarlo todo) llevan las de perder. Los que sepan repotenciar las banderas que enarboló Bachelet en 2013, sometiendo la decisión sobre quién debe liderar a la voluntad popular en primarias serán los que saldrán vencedores en esta disputa que cada día incluye más contendientes.

 

Cada gobierno aspira a que la carrera presidencial por la sucesión se atrase lo más posible. Este gobierno ha perdido poder de una forma asombrosa. La Presidenta Bachelet ha pasado buena parte de 2015 intentando revertir la caída en aprobación causada por la forma en que ella respondió al involucramiento de su hijo en negocios de especulación inmobiliaria. El debilitamiento de su gobierno ha intensificado el posicionamiento de los que aspiran a sucederla al interior de su coalición. Como Bachelet se obsesionó en dejar fuera de su gabinete a los presidenciables, La Moneda no ha podido controlar el timing en que se ha desatado la carrera por la sucesión. La irrupción del ex Presidente Lagos ha sumado intensidad al desordenado posicionamiento de los aspirantes. Como dos aspirantes a ser abanderados de la centro-izquierda —Marco Enríquez-Ominami y Andrés Velasco— están actualmente fuera de la Nueva Mayoría, los asuntos formales de cómo se seleccionará al candidato de la centro-izquierda dominan el debate por la sucesión.

 

Aunque algunos crean que el nuevo sistema electoral para la elección de legisladores permitirá la rearticulación de los tradicionales tercios políticos, la elección presidencial con segunda vuelta hará que la decisión sea entre un candidato que represente a la centro-izquierda y otro que represente a la centro-derecha. Como hay oposición en la Nueva Mayoría —y algo de resistencia entre los propios ME-O y Velasco— a que todos participen en una gran primaria de izquierda, hay buenas razones para creer que el sector llegará con más de un candidato presidencial a la primera vuelta de noviembre de 2017.

 

Pero el calendario electoral pudiera entregar una solución a la problemática que la centro-izquierda no ha podido solucionar. En la campaña municipal de octubre de 2016, los candidatos de la centroizquierda buscarán rostros populares de presidenciables ideológicamente afines. Entonces, los partidos se ordenarán en torno a un número reducido de candidatos electoralmente viables.

 

En la derecha, las cosas están igualmente desordenadas. El incuestionable liderazgo del ex Presidente Piñera en el sector lo induce a condicionar su retorno a un buen posicionamiento en las encuestas y a la unidad de la derecha detrás de su candidatura. Pero ni las encuestas darán garantías —en elecciones nunca hay sandías caladas, especialmente cuando se trata de un ex Presidente que se pasó la mayor parte del periodo con aprobación por debajo del 40%— ni se puede esperar que otros presidenciables del sector renuncien a sus legítimas aspiraciones solo porque Piñera es ex Presidente. Por eso, mientras Piñera actúa como candidato pero evita contaminarse con la política cotidiana, otros aspirantes del sector se la juegan intentando posicionarse y desafiando a Piñera a bajar al campo de batalla. Las municipales de 2016 serán la prueba de fuego para el ex Presidente. A diferencia de Bachelet, que se saltó las municipales de 2012 estando en ONU-Mujer en Nueva York, Piñera no tendrá excusa para restarse de la campaña municipal del próximo año. Ahí se despejarán dudas sobre qué tan popular es el ex Presidente cuando se mida en terreno frente a los que aspiran a ser sus rivales.

 

Si bien muchos creerán que es demasiado temprano para hablar de la próxima elección presidencial, los tiempos en la política solo reflejan las realidades de los gobiernos y de la coyuntura. En Chile, la carrera presidencial para 2017 está desatada. El primer gran test será la elección municipal de octubre de 2016 —que en realidad empezará antes de las primarias municipales de junio de 2016—. En vez de pensar en cómo posicionarse mejor para llegar bien parados a 2017, los aspirantes presidenciales deberán comenzar a pensar en cómo salvar con vida ese primer gran escollo de 2016. La elección municipal, en las 345 comunas del país, determinará qué presidenciables son viables y cuáles solo reflejan injustificadas aspiraciones personales o inútiles complots de una elite que olvida que, en democracia, la gente es la que tiene la última palabra.