La Concertación no ha muerto

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 11, 2015

 

Los intentos por revivir a la Concertación que hoy proliferan en sectores de la centro-izquierda confirman tanto el fracaso de la Nueva Mayoría como la ausencia de ideas y propuestas de futuro en la coalición que exitosamente lideró la transición a la democracia pero que parece no tener ni las respuestas a la demandas de una sociedad que ya se acostumbró a la democracia ni los líderes que puedan guiar la construcción del Chile que esa sociedad anhela.

 

Después que el ex Presidente Ricardo Lagos entrara al ruedo político lanzando una candidatura presidencial en su personal estilo (“algunos, varios, me han dicho: oiga, vuelva usted para que al menos ponga orden”), se han propagado las voces de nostálgicos de la Concertación que han salido a defender los principios, valores y estrategias de la coalición que gobernó a Chile entre 1990 y 2010.  El más reciente en unirse a ese coro ha sido el senador y presunto candidato presidencial PDC Ignacio Walker. Con la moderación que le caracteriza, que a ratos raya en timidez y ambigüedad, Walker dijo “nunca hubo un certificado de defunción de la Concertación y nunca hubo un certificado de nacimiento de la Nueva Mayoría. Este es un proceso. Y en muchos sentidos la Concertación no ha muerto”.

 

Los intentos por reposicionar a la Concertación son comprensibles, toda vez que el gobierno de la Nueva Mayoría liderado por Michelle Bachelet hace aguas por todos lados.  Pero el repentino interés por aseverar que la Concertación no ha muerto denota también oportunismo y algo de cobardía. En 2013, cuando Bachelet regresó para asumir la candidatura presidencial, la entonces popular líder unilateralmente sepultó a la Concertación, decretando el cambio de nombre de la coalición.  Bachelet bautizó a la Nueva Mayoría. Ninguno de los que ahora declara su añoranza por la Concertación alzó la voz para expresar una objeción.  Como en las bodas, el que quería mantener viva a la Concertación debía hablar entonces o callar para siempre.

 

Si la Concertación era algo que debía defenderse, los partidarios de esa coalición estuvieron conspicuamente ausentes en 2013.  Contrario a lo que asegura el Senador Walker, sí hubo un certificado de defunción de la Concertación y una celebración de nacimiento de la Nueva Mayoría. Como Presidente del PDC, Walker concurrió con su firma al acto que creó a la NM cuando todos los líderes de los partidos miembros, con sonrisas en sus rostros, proclamaron la candidatura de Michelle Bachelet y de los candidatos al parlamento de la Nueva Mayoría.

 

Pero aun haciendo la vista gorda ante el nulo intento por salvar a la Concertación en 2013, los esfuerzos por desenterrar ahora a la coalición que lideró exitosamente al país por el sendero del desarrollo y la consolidación democrática por 20 años denotan solo la falta de respuestas que tienen los nostálgicos del Ancien Régime para los desafíos del Chile de hoy.

 

Gracias a la Concertación, Chile es hoy incuestionablemente democrático, más desarrollado y menos desigual.  Pero no significa que los chilenos quieran que retorne la Concertación. Las encuestas muestran que la gente quiere diálogo, moderación, pragmatismo y gradualidad (atributos que la Concertación personificó). Pero es un error creer que los chilenos quieren también que retornen los mismos líderes que guiaron la transición a fines de los 80 vuelvan al poder en 2017, 30 años después.

 

El país hoy enfrenta desafíos muy distintos a los que monumentales problemas que existían a comienzos de los 90. El desarrollo económico y los avances tecnológicos han cambiado radicalmente a la sociedad. Debido a que la Concertación fue exitosa, los chilenos ahora aspiran a mucho más.  La compleja coyuntura económica por la que atraviesa el país ha alimentado la ansiedad y los temores a perder parte de lo logrado.

 

Pero precisamente porque el país ha avanzado tanto, los chilenos se han acostumbrado a mirar hacia adelante. Los chilenos no van a buscar en respuestas de ayer las herramientas para enfrentar exitosamente los desafíos de hoy. Por eso, por más nostalgia que genere en muchos los buenos años de la Concertación, es una mala estrategia ofrecer una fórmula antigua para recuperar la confianza y las esperanzas de la ciudadanía. Si la centro-izquierda aspira a mantener el poder más allá de 2017—y considerando que la Alianza ofrecerá la opción de volver a lo que fue el gobierno de Piñera entre 2010 y 2014—la clave será poder combinar las herramientas exitosas y ganadoras de la Concertación con un mensaje de renovación, cambio y futuro.  La Nueva Mayoría bien pudiera estar desahuciada, pero para volver al poder, la centro-izquierda deberá construir algo nuevo y no intentar ahora desenterrar una coalición que todos los partidos, con demasiada facilidad e incluso cierta satisfacción, apresuradamente sepultaron en 2013.