Levantemos a la derecha

Patricio Navia

El Líbero, agosto 25, 2015

 

Si bien la sensación mayoritaria en Chile es que el país avanza por la dirección equivocada, el posible nuevo slogan de la coalición derechista —Levantemos— equivoca el diagnóstico y la solución. La credibilidad de los partidos está en el suelo —y la derecha sufrió un tsunami en 2013—, pero los chilenos no creen que Chile esté en el piso. Es verdad que si el gobierno insiste en sus vacilaciones, pudiéramos pasar del estancamiento al retroceso, pero por el momento, los únicos que necesitan salir de un foso son los partidos políticos. Porque el desafío de la derecha no es persuadir a los chilenos que pueden producir más crecimiento sino convencerlos de que ese crecimiento no irá solo a los más ricos, la coalición derechista debiera enfocarse más en el mensaje que en el titular. Después de todo, cuando la gente vea que son los mismos que gobernaron entre 2010 y 2014, las fotos de los rostros que lideren a la derecha en 2017 dirán mucho más que la frase pegadora que puedan sugerir los expertos en marketing del sector.

 

El gobierno de Sebastián Piñera tuvo una tasa de crecimiento mayor que sus predecesores inmediatos. Hubo más empleo y se redujo la pobreza. Pero la gente no acompañó con su aprobación. Junto a la actual administración de Bachelet, la gestión de Piñera fue la peor evaluada desde el retorno de la democracia.  Pero si la mala evaluación de Bachelet se asocia en parte —como bien entiende la derecha— al paupérrimo desempeño de la economía, la mala evaluación de Piñera se dio pese a los espectaculares indicadores económicos. Por eso, prometer crecimiento no va a bastar para recuperar el poder así como cumplir la promesa de un millón de empleos no bastó para evitar caer a niveles de aprobación por debajo del 30%.

 

Es verdad que las circunstancias cambian. Los chilenos se habían acostumbrado a crecer. La gente creyó que la gallina de los huevos de oro era inmune a lo que ocurriera en el mundo y a la capacidad del gobierno de dar conducción política al país. Ahora que la gallina ya no pone huevos, los chilenos probablemente valorarán más la creación de empleos y la estabilidad macro económica. Pero la percepción popular dominante respecto a la derecha es que ese sector está más preocupado de cuidar a los empresarios que de distribuir la riqueza. De poco sirve insistir en que no habrá redistribución sin que primero haya crecimiento. La gente puede incluso creer que la derecha es mejor para generar riqueza, pero una mayoría sigue convencida —y así lo evidenció en la elección de 2013— de que la izquierda es mejor para distribuir.

 

La apuesta por convertir el crecimiento —levantemos— en el mensaje de campaña de la derecha se encontrará con una respuesta obvia por parte de la izquierda. O bien ese sector potenciará una candidatura como la de Ricardo Lagos, que podrá disputarle fácilmente a la derecha el mensaje de los consensos y las políticas pro-inversión, o bien bastará que su candidato más izquierdista se corra hacia el centro de la misma forma como lo hizo Lagos en la campaña de 1999-2000. Siempre será más fácil para un izquierdista que reconozca la necesidad de primero crecer para poder luego distribuir a que un derechista convenza a una mayoría de los chilenos que efectivamente distribuirá después si primero todos nos centramos en el crecimiento.

 

Adoptar el nombre Levantemos tampoco parece una estrategia apropiada para los que creen que las reformas deben ser graduales y consensuadas. Si el país efectivamente está en el piso, los llamados a usar una retroexcavadora para remover los escombros tienen mucho más sentido. Los llamados a terminar con las AFP, Isapres, educación particular subvencionada e incluso los que piden un nuevo proceso constituyente usarán la idea de levantar a un país que está en el piso como incontrarrestable evidencia para sus aspiraciones refundacionales. La decisión de adoptar un nombre apocalíptico, más apropiado para el día después de un terremoto que para sacar a Chile del estancamiento actual, parece responder o bien a que la derecha no puede sobreponerse aún del tsunami electoral de 2013 o a un entusiasmo irreflexivo por creer que basta con cambiar de nombre para producir una refundación del sector.

 

Emulando a la coalición izquierdista Española Podemos, que adoptó un nombre que apela a la acción, la coalición de derecha chilena está considerando cambiarse una vez más de nombre. Como, usando un nombre distinto cada vez, esa coalición ya ha perdido cinco de las seis elecciones presidenciales realizadas desde el retorno de la democracia, parece lógico suponer que el cambio de nombre tendrá poco efecto en el resultado de la séptima contienda presidencial, en 2017. Tal vez por eso mismo, la coalición de derecha debiera enfocarse en encontrar un camino para la victoria en vez de obsesionarse por un nombre que en el mejor de los casos no le dice nada a nadie y en el peor de los casos envía un mensaje equivocado.