Cambio de gabinete: Desvestir un santo para vestir otro

Patricio Navia

El Líbero, junio 30, 2015

 

La decisión de reubicar a Nicolás Eyzaguirre desde el Ministerio de Educación al Ministerio Secretaría General de la Presidencia puede ser vista como una buena noticia para Segpres, que llevaba acéfala tres semanas. Pero es una mala noticia para Educación, que debe enfrentar el trauma de un cambio de líder cuando la educación pública está en crisis, empeorada por un prolongado paro de profesores, y en medio de un complejo proceso de reformas. Ahora que la Presidenta Bachelet decidió desvestir a un santo para vestir a otro, corresponde preguntarse si el gobierno todavía se mueve por una visión transformativa de largo plazo, o si solo está tratando de sobrevivir ante las crisis gatilladas, precisamente, por la ausencia de una hoja de ruta que le permita llegar al destino que prometió en la campaña de 2013.

 

Desde que fue nombrado en educación, Eyzaguirre ha estado en el centro de polémicas generadas por las diferencias respecto a las ambiguas promesas que hizo Bachelet en campaña, y a las expectativas que tenían los distintos actores involucrados en el proceso de reforma educativa —estudiantes, apoderados, profesores, sostenedores y la opinión pública en general—.

 

Sus lamentables declaraciones llamando a quitarles los patines a los niños de colegios particulares subvencionados para que los estudiantes sin patines de escuelas municipales pudieran competir en igualdad de condiciones, desnudó la principal falencia de la reforma impulsada por el gobierno en 2014. En vez de mejorar la calidad del sistema público, el gobierno buscaba nivelar para abajo, interviniendo el sistema privado. El estancamiento del proceso de reforma de la educación pública —que incluye un prolongado paro que afecta a los chilenos más pobres, y que por lo tanto no se convierte en primera prioridad ni para el gobierno ni para la prensa— explica por qué Eyzaguirre decidió empezar primero por reformar la educación particular subvencionada, y dejó para después la indispensable mejora del sistema de educación público.

 

Eyzaguirre no solo es culpable de haber errado el camino —empezando la reforma educacional básica y secundaria por lo menos importante—, sino que, además, jamás advirtió que los montos recaudados por la reforma tributaria serían insuficientes para cumplir la promesa de educación superior gratuita. A cinco meses de que deba ser aprobada la ley de presupuesto —que debe incorporar recursos para empezar con la gratuidad universal en educación superior—, el gobierno no ha especificado quiénes se beneficiarán, que instituciones serán cubiertas por la medida y cómo planea nivelar los aranceles de las instituciones que ofrecerán educación gratuita.

 

Con todo, Bachelet estimó que Eyzaguirre tenía las habilidades necesarias para negociar con el Congreso toda la agenda de reformas de su gobierno, incluida la reforma laboral, las potenciales correcciones a la reforma tributaria y, presumiblemente, el proceso constituyente que se inicia en septiembre. El hecho de que Eyzaguirre sea militante del PPD coadyuvó la decisión de Bachelet. Después de todo, pese a que la Nueva Mayoría está en el poder gracias a la popularidad de Bachelet, la Presidenta ha estado secuestrada por las cuotas partidistas desde el día que nombró su primer gabinete presidencial. La cercanía personal de Eyzaguirre con Bachelet también parece haber jugado un rol. Aunque constituya una negación de lo que es hacer un buen gobierno, Bachelet insiste en que los mejores ministros no son aquellos mejor calificados sino que aquellos con los que ella tiene una mejor relación personal.

 

Para llenar la vacante en educación, Bachelet nombró a una asesora de la subsecretaria. Aunque el gobierno se ha esmerado en destacar sus habilidades y capacidades, es imposible explicar por qué una mujer tan capaz no fue nombrada subsecretaria desde el primer día —o, en su defecto, por qué la subsecretaria, si era más capaz que la actual ministra, no fue promovida al cargo de ministra—. La trayectoria de la también PPD Adriana Delpiano ha sido extensa, pero no destacada. Su desempeño como ministra de Bienes Nacionales, ministra del SERNAM, intendenta de Santiago, directora del Área Socio-Cultural de la Presidencia, directora Ejecutiva del Parque Bicentenario de Cerrillos y, más recientemente, miembro del directorio de ZOFRI en Iquique no registra grandes logros. Pese a que el gobierno necesita con urgencia meter goles en su reforma educativa, Bachelet nombró de ministra a una jugadora experimentada que nunca anotó un gol.

 

Es buena noticia que el gobierno haya finalmente terminado con la lesera —para parafrasear a la propia Bachelet— de no tener Ministro de Segpres. Pero la decisión de desvestir a un santo para vestir a otro solo confirma la condición terminal de un gobierno, cuya urgencia por impulsar reformas fundacionales lo llevaron a la situación de parálisis y estancamiento de la que es víctima desde el mes de febrero.