Da lo mismo

Patricio Navia

El líbero, junio 9, 2015

 

La seguidilla de desprolijidades, errores no forzados y maniobras políticas frustradas que han tenido al gobierno en una posición defensiva por los últimos cuatro meses, tuvo un nuevo capítulo con la renuncia del titular de la Segpres Jorge Insunza. Pero en vez de sorprendernos ante la nueva crisis auto-infligida, debiéramos comenzar a acostumbrarnos a que la cotidianeidad por los próximos meses será la de un gobierno propenso a tropezarse múltiples veces con la misma piedra. Incapaz de retomar la agenda política —e impulsar las reformas que prometió en campaña— el gobierno seguirá a la deriva, abriendo nuevos flancos para críticas de la oposición y metiéndose autogoles con una impresionante regularidad.

 

Desde que estalló el escándalo Caval en febrero, el gobierno ha intentado recuperar la agenda con múltiples intentos que han pasado desde inefectivos mea culpas de la Presidenta hasta inútiles cambios de gabinete. La dinámica de la política chilena en los últimos cuatro meses ha sido que el gobierno llega tarde y mal a responder a crisis que devienen en escándalos que han paralizado la agenda legislativa y de reformas.

 

Aunque hay sectores que han visto con buenos ojos que los ímpetus fundacionales del gobierno se hayan tropezado en errores no forzados, tener un gobierno comprometido con hacer reformas pero incapaz de afrontar los problemas más comunes y cotidianos del quehacer político no puede ser motivo de alegría para nadie. Después de todo, cuando el capitán del barco toma decisiones erráticas y hace que la nave solo se mueva en círculos, toda la tripulación termina mareada y el barco no avanza en ninguna dirección. La inacción pudiera ser mejor que avanzar en la dirección equivocada, pero sería mejor quedarse quieto que gastar energías para moverse en círculos.

 

En las últimas semanas, un rumor recurrente en la elite es que las cosas no dan para más y que la Presidenta Bachelet no podrá terminar su período. Algunos incluso especulan que, de renunciar antes de que se cumpla su segundo año en el poder —antes del 11 de marzo de 2016— la Presidenta Bachelet abriría la puerta para una elección presidencial por el resto del período. Una candidatura de unidad nacional, liderada por ejemplo por el ex Presidente Ricardo Lagos, permitiría retomar la estabilidad en la conducción del país e incluso avanzar para cerrar el debate sobre la conveniencia de una nueva constitución.

 

Naturalmente, el solo hecho que circule ese rumor obliga a la clase política —en especial a los líderes de los partidos de la Nueva Mayoría— a entregar su irrestricto apoyo a la Presidenta Bachelet y a demandar que se respete el calendario electoral y la voluntad popular que eligió a Bachelet como Presidenta hasta marzo de 2018.  De seguir propagándose ese rumor, el propio Lagos deberá salir a desmentirlo y a dar su apoyo a Bachelet.

 

Con todo, aunque el rumor refleja más bien los deseos reprimidos de muchos que añoran la moderación, gradualidad y pragmatismo de la Concertación, la verosimilitud del rumor refleja la poca credibilidad que tiene hoy el gobierno y las pocas expectativas que tiene la clase política y empresarial de que el gobierno de Bachelet pueda volver a retomar el control de la agenda política del país.

 

A un mes de realizado el cambio de gabinete —con la espectacularidad del anuncio realizado en vivo por Bachelet, autoimponiéndose un límite de 72 horas para rearmar su equipo de trabajo— el gobierno no logra cerrar el capítulo del ajuste de gabinete.  Incluso después que se nombre al remplazante de Insunza, el gobierno deberá retomar el ajuste de subsecretarios e intendentes que se debía dar días después del cambio de ministros.  No hay razón para pensar que ese necesario ajuste va a estar más libre de tropiezos y complejidades de los que ha tenido el recambio de ministros. Después de todo, el comportamiento anterior de un gobierno siempre es un buen predictor del comportamiento futuro. Cuando nombró a su primer equipo de gobierno, Bachelet debió remplazar a algunos de sus primeros nominados por diversos escándalos y polémicas que resultaron de una insuficientemente meticulosa revisión de antecedentes de las personas que fueron nombradas.

 

Por eso, aunque es comprensible que la plaza política especule sobre quién será el nuevo ministro de la Secretaría General de la Presidencia, parece razonable anticipar que sea quien sea el que ocupe el puesto, la tendencia del gobierno a tropezarse en las mismas piedras y a cometer errores no forzados acompañará a la administración Bachelet hasta el final del gobierno. Peor aún, como todos los gobiernos van perdiendo poder a medida que pasan los meses, las expectativas de que este gobierno logre retomar el rumbo y recuperar el control de la agenda parecen demasiado optimistas.  A estas alturas, da un poco lo mismo el nombre del remplazante de Insunza, el rumbo errático del gobierno será muy difícil de cambiar.