Límites a la reelección: pésima idea

Patricio Navia

El Líbero, junio 5, 2015

 

No hay peor política pública que aquella que, aspirando a solucionar un problema que no existe, crea un problema mayor. La sugerencia de la Comisión Engel de establecer límites a la reelección de alcaldes intenta solucionar un problema que no existe —la eternización de alcaldes en sus puestos— con una reforma que creará un nuevo problema (los incentivos para que los alcaldes gobiernen en su último periodo buscando una nueva pega en vez de velar por el bienestar de los habitantes de sus comunas).

 

La idea de limitar la reelección de las autoridades electas es popular. En su interés por ver una mayor renovación de rostros, la gente apoya en abstracto limitar la reelección. Pero ya que la tasa de re-elección de los legisladores es alta, es evidente que la gente no es consecuente entre lo que dice querer y lo que hace. Aunque los chilenos apoyan limitar la reelección, votan mayoritariamente a favor de los legisladores en ejercicio. Este es un típico caso de que lo que queremos para el país no es lo mismo que queremos para nosotros.

 

En un libro escrito en 2006, titulado “Que gane el más mejor. Mérito y competencia en el Chile de hoy” (coescrito con Eduardo Engel, el Presidente del Consejo Asesor contra la Corrupción) argumentamos contra limitar la reelección de los legisladores. En su último periodo, los legisladores van a estar más preocupados de buscar sus próximas pegas que de los intereses de sus electores. Si queremos inducir más competencia, debemos regular mejor el financiamiento de campañas (los titulares en un cargo siempre parten con ventaja), tener un sistema electoral más competitivo y subsidiar marginalmente más a los desafiantes que a los titulares. Las primarias son un buen mecanismo para inducir más competencia. Tener un sistema más proporcional no ayuda mucho, en tanto los titulares tienen más posibilidades de mantener sus puestos ya que la competencia siempre se da por los últimos cupos en cada distrito (y las primeras votaciones se aseguran rápidamente los escaños).

 

La sugerencia de limitar la reelección solo al mismo distrito al que actualmente representa el legislador es una solución aun peor. El legislador en ejercicio tiene acceso a recursos públicos que le permiten financiar equipos de trabajo que se convierten en equipos de campaña. Además, no tiene incentivos para preocuparse de los electores que votaron por él, sino solo de los votantes del distrito al que aspira representar.

 

Por todo esto, resulta sorpresiva la sugerencia del Consejo Asesor contra la Corrupción de limitar la re-elección de los alcaldes. El mismo argumento que utilizamos con Eduardo Engel en 2006 aplica para los alcaldes que no van a poder buscar la reelección en sus comunas. En vez de velar por los intereses de sus ciudadanos —que los pueden castigar negándoles la reelección—, los alcaldes en sus últimos periodos se dedicarán a buscar sus siguientes pegas, gobernando para avanzar los intereses de sus futuros empleadores en vez de lo que conviene a los residentes de sus comunas.

 

Lo más lamentable de la sugerencia del Consejo Asesor es que aspira a solucionar un problema que no existe. En un trabajo con Kenneth Bunker  (“Tasas de re-elección y longevidad de alcaldes en Chile, 1992-2012” en Mauricio Morales y Patricio Navia (editores) Democracia Municipal en Chile, 1992-2012, Ediciones Universidad Diego Portales, 2012), mostramos que entre 1992 y 2012, en promedio, una de cada tres comunas elige nuevos alcaldes cada cuatro años. Desde 1996, entre un 80% y un 90% de los alcaldes ha buscado la reelección. Pero un buen número pierde. Por eso, una de cada tres comunas tiene alcaldes en su primer periodo, y más de la mitad tienen alcaldes que llevan dos periodos o menos en sus cargos.  En promedio, los alcaldes permanecen poco más de ocho años en sus puestos. En 2012, 182 de las 345 comunas del país (52,7%) escogieron alcaldes nuevos.

 

Limitar el número de periodos a dos no alteraría lo que ahora ocurre, pero sí privaría a algunas comunas de mantener en sus cargos a alcaldes que hacen bien su trabajo. Como el sistema electoral para la elección de alcaldes es muy competitivo —porque es de mayoría simple, el que saca más votos se queda con el cargo—, no hay necesidad de introducir una solución (que no es solución, sino que crea problemas) para un problema que no existe.

 

Los preocupantes niveles de corrupción en algunas alcaldías no se solucionan limitando la reelección.  Eso equivale a echar a todos los trabajadores porque hay evidencia de robo en una empresa. Hay que establecer mejores mecanismos de control y mayores castigos para los casos de corrupción.

 

Limitar la reelección de alcaldes y parlamentarios es un ejemplo perfecto de una medida populista. A la gente le gusta en principio —pero no vota por la renovación cuando tiene la oportunidad—, pero no hay ninguna evidencia de que solucione los problemas que busca solucionar. Incluso, en algunos casos —como la supuesta falta de renovación en las alcaldías— ni siquiera hay evidencia de que exista efectivamente un problema.