Un giro al centro que puede salvar su presidencia

Patricio Navia

El Líbero, mayo 11, 2015

 

El cambio de gabinete finalmente realizado por la Presidenta Bachelet fue más celebrado por la derecha, el centro y el empresariado que por la izquierda, los partidarios de la retroexcavadora y los refundacionales. Aunque este ajuste constituye una derrota para Bachelet -que debió dejar ir a sus dos ministros más cercanos y nombrar en esos puestos claves a dos hombres identificados más con la Concertación que con la Nueva Mayoría (NM)- este repliegue de los ímpetus refundacionales que se anuncia con estos nombramientos pudiera terminar siendo un golpe de timón salvador para este gobierno que hasta ayer aparecía encaminado hacia el barranco.

 

Al iniciar su gobierno, la Presidenta Bachelet insistió en los objetivos refundacionales de su coalición. Al insistir en que el suyo era el primer gobierno de la NM y no el quinto de la Concertación, su administración buscaba separar aguas con la lógica gradualista y pragmática que caracterizó a los gobiernos de centro izquierda entre 1990 y 2010. Si bien en su primer año, Bachelet logró importantes reformas tributaria, educacional y electoral; él éxito de esas reformas se debió a que, pese a la retórica refundacional, la práctica de negociar con la oposición y cocinar acuerdos se siguió utilizando profusamente. Por eso, aunque en el discurso se promovía la retroexcavadora, en la práctica se utilizaba la vieja cocina para articular acuerdos.

 

Pero como los discursos crean realidades, las promesas de reformas profundas alimentaron la incertidumbre y contribuyeron a acelerar el enfriamiento de la economía que inicialmente se debió a la caída en el precio del cobre. Con un país detenido en el crecimiento y en la creación de empleo, las promesas de transformaciones profundas fueron amenazadas por el temor creciente de una población cuya condición de clase media es precaria. Como los chilenos quieren construir sobre lo ya logrado y corregir errores más que refundar instituciones, el apoyo a Bachelet comenzó a caer a medida que la economía se frenaba y las dudas sobre los efectos de las reformas crecían.

 

Los escándalos Penta, SQM y Caval dejaron en evidencia que toda la energía refundacional de la retroexcavadora no servía para contener las crisis y encaminarlas hacia una salida política. La tardía, lenta y errática reacción a los escándalos SQM y Caval terminó por derribar al titular de Interior, mientras que el enfriamiento de la economía y las innecesarias tensiones generadas con el empresariado hicieron lo propio con el titular de Hacienda.

 

Al deshacerse de Arenas y Peñailillo, Bachelet renuncia a cuotas importantes de poder. Sus reemplazos fueron concesiones de poder que Bachelet se vio obligada a realizar. Ni Jorge Burgos en Interior ni Rodrigo Valdés en Hacienda pertenecen al círculo íntimo de Bachelet. En su trayectoria y discurso público, ambos aparecen más asociados al pragmatismo y a la gradualidad que a la retroexcavadora fundacional del primer gabinete de Bachelet.  Aunque ambos también se distancian de los viejos jerarcas de la Concertación que generan tanto rechazo en la NM. En ese sentido, Bachelet fue capaz de minimizar  los costos de su derrota. Le pidió la renuncia a los líderes simbólicos de la NM, pero no renunció a su impulso por un recambio generacional. Aunque ejercieron presión, los poderes fácticos de la Concertación no lograron volver a cargos de primera línea.

 

Es verdad que Bachelet debió pagar también otros costos. Por primera vez desde que ella llegó a La Moneda, no hay mujeres en el equipo político. En su gabinete, las mujeres constituyen sólo el 30%, un retroceso respecto a su primer equipo y una señal contradictoria con su discurso de inclusión. Pero al realizar tantos enroques, Bachelet logró mantener a una mayoría de los nombres que la acompañaron en su primer gabinete.

 

De cualquier forma, este nuevo gabinete representa una derrota parcial para la Presidenta. Contra su voluntad, Bachelet debió dar un golpe de timón que representa un incuestionable giro hacia posiciones más moderadas. Afortunadamente para ella y para el país, aunque le produzca dolor y lo sienta como una derrota, este ajuste bien pudiera convertirse en el salvavidas que su presidencia necesita con tanta urgencia.