La mamá y el amigo

Patricio Navia

El Líbero, marzo 13, 2015

 

Primero fue la Presidenta Bachelet quien evitó referirse al tema de fondo en el caso Caval escudándose en su condición de madre. Después, el ex Presidente Sebastián Piñera evitó referirse al tema de fondo del caso Penta escudándose en su condición de amigo de uno de los principales involucrados. Cuando el país demanda que sus líderes políticos estén a la altura de la investidura que poseen y se hagan cargo de cuestionamientos a su desempeño, el silencio de Bachelet respecto a su evaluación sobre la ética detrás de lo que hizo su hijo como el de Piñera sobre si cometió un error al nombrar a Pablo Wagner en la Subsecretaría de Minería (o si se arrepentía ahora de haberlo hecho) muestra que ambos Presidentes prefirieron refugiarse en sus relaciones familiares y de afecto para hacerle el quite a su responsabilidad política.

 

En estas últimas semanas, los casos Caval y Penta han tenido al gobierno y la oposición contra la pared.  Por un lado, el caso Penta ya ha resultado en la prisión preventiva de los controladores del holding y del ex subsecretario Warner. El caso Caval, en cambio, llevó a la Presidenta a convocar un Consejo Asesor que le deberá entregar propuestas en 38 días (las que luego deberán ser sometidas al Congreso). En Penta, la renuncia del presidente de la UDI, Ernesto Silva, y los rumores sobre posibles formalizaciones de otros políticos UDI involucrados ha dejado en claro los altos costos políticos que ha pagado, y deberá seguir pagando, el partido más importante de Chile. En Caval, en cambio, los costos se han concentrado en la Presidenta Bachelet. Si bien la existencia de la Nueva Mayoría descansa sobre la credibilidad y popularidad de Bachelet, la NM no ha visto dañada su ya débil aprobación producto de los negocios inmobiliarios del hijo de la Presidenta. Aunque el escándalo Soquimich amenaza con convertirse en un dolor de cabeza tan dañino para la NM como Penta lo ha sido para la UDI, lo cierto es que es mucho menos malo tener una espada de Damocles colgando sobre tu cabeza que haber sido atravesado por ella. Por eso, aunque los costos de un escándalo SQM son potencialmente altos y el daño sufrido por Bachelet (que es el pilar de apoyo de la NM) ha sido innegable, la NM ha pagado menos costos que la Alianza en estas semanas.

 

Así como el mayor costo del escándalo Caval ha sido para Bachelet, el caso Penta también golpea al incuestionable líder de la Alianza, el ex Presidente Sebastián Piñera. Comprensiblemente, la relación de amistad de Piñera con Carlos Délano ha atraído los titulares de prensa (“Delano ha sido, es y va a seguir siendo mi amigo”). Aduciendo a su condición de amistad por 40 años, Piñera fue más lejos, señalando que la amistad es “en las duras y en las maduras”. Pero como está consciente de los altos costos que implica esa especial amistad con el que fue miembro del Tercer Piso (asesores y amigos) durante su gobierno, el ex Presidente Piñera no ha acompañado su declaración con la prueba de cercanía de ir a visitar a su amigo a la cárcel. Si va a usar el argumento de la amistad, debiera comportarse como el mejor amigo e ir a acompañar a su compañero de tantas jornadas en su momento más amargo.

 

Como ex Presidente, Piñera puede usar esa carta para abordar su histórica relación con Délano. Bachelet no puede hacer lo mismo para evitar referirse a la cuestión de fondo en el caso Caval. No basta que ella diga no haber sabido nada del asunto. Como líder del país y como paladín de la causa de la igualdad, Bachelet no puede decir “paso” ante las legítimas preguntas sobre su evaluación política de los negocios realizados por su hijo y su nuera. La investidura presidencial obliga que la madre privilegie su condición de líder política del país (y de su coalición) y enfrente las legítimas preguntas sobre su opinión de las actividades empresariales de su hijo y sobre su propia decisión de haberlo nombrado a un cargo de su exclusiva confianza.

 

De igual forma, la investidura de ex Presidente obliga a Piñera a tener que enfrentar en su condición de tal la prisión preventiva de Pablo Wagner. No basta con excusarse alegando que hay que dejar que la justicia haga su trabajo. Si Bachelet usara esa excusa para no hablar del escándalo que involucra a su hijo, lloverían justificadas críticas desde la oposición y su propio sector. El ex Presidente Piñera tiene todo el derecho de escoger a sus amigos, pero la decisión de nombrar a Wagner como subsecretario fue un acto político del que debe hacerse cargo —y por el que debe dar la cara—.

 

Enfrentados a la obligación de dar la cara por sus actos políticos y sus decisiones administrativas respecto de Sebastián Dávalos y Pablo Wagner, los Presidentes Bachelet y Piñera han optado por desviar la atención y recurrir, respectivamente, a sus relaciones familiares con Sebastián Dávalos y de amistad con Carlos Délano para hacerles el quite a los cuestionamientos de fondo. Cuando el país demanda que los Presidentes actúen a la altura de sus cargos, Bachelet y Piñera prefieren decir “paso”.