La unidad de la derecha

Patricio Navia

El Líbero, febrero 3, 2015

 

El gran desafío de la derecha hoy es recuperar la confianza de los chilenos y reposicionarse como una coalición capaz de dar gobernabilidad al país. La unidad interna es una condición necesaria, pero insuficiente, para que los chilenos vuelvan a creer en la derecha. Si la gente asocia a la derecha con intereses empresariales y ve que sus miembros pertenecen al mismo club de los abusadores, de los reyes de la letra chica y que legislan para los intereses que los financian, la unidad de la derecha no evitará una nueva derrota electoral.

 

En 2013, el país no creía que el Presidente Piñera había hecho un mal gobierno. Los chilenos fueron testigos de que la economía creció, aumentó el empleo, mejoraron los salarios y se redujo sustancialmente la pobreza. Pero la gente igual votó mayoritariamente por el desalojo de la Alianza. Con un discurso contra el lucro, el abuso y la desigualdad, Bachelet alcanzó la victoria más holgada desde el retorno de la democracia. La centro-izquierda consiguió su mayoría más amplia en el Congreso en noviembre de 2013.

 

Ahora que se aproximan los nubarrones a las economías de los países emergentes, y pese a que el gobierno de la Nueva Mayoría insiste en cambiar el techo de la casa justo antes de que empiece a llover, la gente todavía no parece muy interesada en que la Alianza recupere el poder. De hecho, el principal consuelo que tiene hoy La Moneda cuando ve los altos índices de desaprobación presidencial es que la derecha tiene todavía mayor rechazo.

 

Aunque la estrategia de la UDI de convertirse en el partido defensor de la clase media había producido promisorios resultados ante las dudas que despierta entre mucha gente la reforma educacional, el escándalo Penta descarriló ese proyecto. Ahora que la UDI debe encontrar una forma de reinventarse y dejar atrás la crisis, la unidad de la derecha aparece como una solución razonable.

 

Para los líderes de RN que menos cercanía tienen con la UDI, la unidad es vista como la oportunidad para absorber y neutralizar a la UDI al interior de un partido más grande y menos homogéneo. Para la UDI, es la posibilidad de demostrar con su histórica disciplina que puede dominar hegemónicamente al sector. Para la derecha en su conjunto, es una oportunidad para comenzar a reconstruir después de la paliza electoral de 2013 y la paliza legislativa de 2014.

 

Pero hay dos peligros asociados con esta estrategia de refundación. Primero, de poco sirve reconstruir sobre los mismos débiles fundamentos que llevaron a la debacle de 2013. A menos que la derecha haga el mea culpa correspondiente y enmiende rumbo, evitando cometer los mismos errores que la llevaron a perder el poder en 2013, cualquier intento por reconstrucción será improductivo.  Segundo, los anuncios de refundación del sector deben tener una contraparte que involucre a la gente.  Si no ve beneficios concretos y cotidianos para su vida, la gente no le prestará ninguna atención a los esfuerzos refundacionales de la derecha. La reconstrucción del sector debe hacerse pensando en cómo ese proceso afectará positivamente la vida de las personas. De lo contrario, a la gente le va a importar un bledo si la derecha está dividida en múltiples partidos o ha logrado la unidad. Parafraseando el conocido refrán, da lo mismo cuantos gatos sean, lo importante es que atrapen ratones.

 

En el debate sobre la unidad, la derecha está confundiendo causas y resultados. La unidad es un resultado de una hoja de ruta y una plataforma ideológica comunes. La unidad se logra cuando existe un consenso sobre dónde se quiere ir y cómo se quiere llegar. Es imposible esperar primero estar unidos para después decidir dónde ir. Incluso las parejas, que deciden vivir juntos para el resto de la vida, lo hacen a partir de esa unidad de propósito (en el camino de la vida dialogan y negocian los detalles de sus acuerdos). Los partidos de derecha pueden emular a las parejas y anunciar que van a sellar su intención de estar unidos con un matrimonio político. Pero eso no quiere decir que los ciudadanos vayan a querer asistir a la boda.

 

Lo que la derecha debe entender, es que la unidad de propósito no se debe buscar entre los partidos que forman esa coalición minoritaria. La unidad de propósito debe estar entre la derecha y el electorado. El desafío de la derecha no es ponerse de acuerdo entre los partidos que comparten ese domicilio ideológico. El desafío del sector es ganarse la confianza de la gente y lograr esa unidad entre sus principios ideológicos y los sueños y anhelos de los chilenos.

 

Es cierto que muy poca gente se sentirá atraída a una coalición donde reinan los conflictos internos y donde abundan los cuchillazos entre aliados. Pero un barco con una tripulación amable y cordial que no tiene idea a dónde quiere ir tampoco va a atraer pasajeros. La unidad que hoy debe estar buscando la derecha es aquella entre el sector y un electorado que desconfía de toda la clase política, pero desconfía todavía más de la derecha.