Pauteada

Patricio Navia

El Líbero, diciembre 5, 2014

 

spués que hace un mes declaró que “nos carga que nos pauteen por la prensa”, la Presidenta Michelle Bachelet tiene ahora que hacerse cargo de un problema mucho mayor, el pauteo indesmentible de la opinión pública. Las malas noticias de la encuesta CEP la obligarán a hacer un ajuste de gabinete. En vez de haberse peleado con la prensa hace un mes, si Bachelet se hubiera anticipado al cambio de gabinete que igual se tiene que producir, su aprobación no hubiera salido tan baja y, por lo tanto, su capacidad para impulsar reformas en el Congreso no estaría en entredicho.

 

Los presidentes a menudo confunden molinos de viento con gigantes. Producto de sus propios temores y traumas, algunos presidentes equivocadamente combaten enemigos que no existen (o que constituyen amenazas menores). Los gobiernos de la Concertación siempre vieron a los principales diarios del país como herramientas políticas de la oposición derechista. Aunque esa forma de pensar debiera haber llevado a la Concertación a promover diarios con orientación política afín, la queja de las administraciones concertacionistas nunca fue lo suficientemente intensa como para inducir a la acción.

 

En el gobierno de Bachelet, la caricaturización de los adversarios ha llegado a niveles sin precedentes. En el polémico video con que acusó a los que cuestionaban su propuesta de reforma tributaria como “los poderosos de siempre”, La Moneda alegó que “no es justo que los más ricos de Chile no paguen los impuestos que corresponden”. No sorprende entonces que la propia Bachelet se haya hecho parte de esta lógica y se haya peleado con molinos de viento que anunciaban cambio de gabinete. Como cada gobierno desde Eduardo Frei ha tenido al menos un ajuste antes de cumplir un año en el poder, las notas sobre cambio de gabinete que empezaron a aparecer en octubre eran especulativas sobre quiénes se irían más que intentos de pautear al Gobierno. Anunciar cambio de gabinete a fines del primer año de gobierno equivale a decir que habrá días calurosos en diciembre. Difícilmente el sol pensará que la tierra lo está pauteando.

 

Algo similar debiera ocurrir con los presidentes. Aunque los partidos presionan y postulan candidatos, la Constitución les otorga el poder exclusivo de nombrar al gabinete. Como nadie es perfecto, y como parece razonable que, desde la perspectiva del Gobierno, alguno de los 23 ministros no dé el ancho, el ajuste al fin del primer año es inevitable. Torpemente, Bachelet hace un mes realizó declaraciones que transformaron un cambio de gabinete casi rutinario en un gallito entre ella y los molinos de viento que la pauteaban por los medios.

 

Ahora que los malos datos de la encuesta CEP han apurado el cambio de gabinete, la Presidenta se vuelve a enfrentar a los molinos de viento. Si apura el ajuste, la percepción generalizada será que está reaccionando a los malos datos de la CEP. Con el cambio de gabinete, Bachelet estará tácitamente reconociendo que fue pauteada. Si en cambio demora el cambio hasta que se pase el efecto de la CEP, Bachelet perderá preciosos días para permitir que los nuevos equipos se organicen y comiencen a trabajar.

 

La encuesta CEP no trajo buenas noticias al Gobierno. Bachelet sufrió una brusca caída en su aprobación. El pesimismo respecto a cómo se viene la economía ha aumentado. En una pregunta sesgada —porque incluía opciones que no son mutuamente excluyentes— 9 de cada 10 chilenos dijo que la mejor forma de terminar con la pobreza es con capacitación y educación (un 9% dijo preferir bonos). Como Bachelet abusó de los de bonos cada vez que se vio en problemas en su primer cuatrienio, la inclusión de esta pregunta en la encuesta CEP le cierra esa alternativa como forma de responder a la creciente preocupación de los chilenos por el enfriamiento de la economía.

 

Pero todo problema es también una oportunidad. La encuesta CEP muestra que la educación sigue siendo la prioridad para los chilenos. El acceso a la educación de calidad es considerado como el remedio para todos los males del país. Los chilenos valoran la economía de mercado y la meritocracia, pero demandan una cancha pareja —que se sintetiza en iguales oportunidades para el acceso a la educación de calidad—.

 

Si el Gobierno abandona su infantil postura de que “nadie me pautea” y en cambio pone atención al mensaje de la ciudadanía que trae la encuesta CEP, Bachelet podrá salir airosa de este complicado momento. Realizando pronto un cambio de gabinete (de cualquier forma inevitable en los próximos meses), Bachelet podrá hacerse cargo del mensaje de la gente y retomar la reforma educacional como el único norte de su gobierno. Después de todo, los chilenos, aquellos que verdaderamente cuentan a la hora de pautear a las autoridades, señalan claramente que quieren que el Gobierno haga de la mejora en el acceso universal y gratuito a la calidad de la educación su primera prioridad en la agenda.