Poder no ejercido, poder perdido

Patricio Nadia

El Líbero, noviembre 7, 2014

 

Ahora que intenta ejercer poder para poner orden al interior de la Nueva Mayoría, la Presidenta Michelle Bachelet deberá enfrentar la dura realidad de que, al no haber ejercido poder cuando realmente lo tuvo, los llamados al orden que ahora realice serán tan inútiles como los que intentó en su primer gobierno. Porque cometió el mismo error de su primer mandato y no ejerció el poder cuando lo tenía en abundancia, la Presidenta ahora deberá sufrir con la indisciplina de los partidos y pagar los costos de los conflictos internos en una coalición compuesta por experimentados políticos que ya le tomaron el pulso a Bachelet y saben que sus cartillazos no son amenazas creíbles.

 

Al volver a Chile en marzo de 2013, Bachelet tenía poder de sobra. El retorno de la Concertación al poder dependía de su popularidad. La ex Presidenta podía imponer todas las condiciones que quisiera. De hecho, Bachelet decidió rebautizar a la Concertación como Nueva Mayoría. Aunque moderados y centristas no tomaron a bien esa velada crítica al estilo de gobierno gradualista y constructor de consensos de la Concertación, el interés por aparecer cerca de ella llevó a silenciar críticas y a acallar discrepancias.

 

Aunque tenía poder de sobra, Bachelet no se animó a ejercerlo para demandar primarias legales para todos los cargos en la NM. Aunque accedieron a realizar primarias presidenciales —porque había certeza de que las ganaría Bachelet— los partidos decidieron no hacer primarias legislativas. Si bien Bachelet expresó su molestia —y se hicieron primarias aisladas fuera del marco legal vigente—, los partidos le ganaron ese primer gallito. Aunque muchos líderes partidistas la llamaban respetuosamente ‘La Jefa,’ esa jefa no logró imponer su voluntad a partidos cuyo destino electoral dependía de su popularidad personal.

 

Esa primera mala señal sobre cómo se ejercían los equilibrios de poder al interior de la NM se confirmó cuando Bachelet nombró a su equipo de gobierno. Después de incumplir su promesa de paridad de género en los nombramientos de ministros, subsecretarios e intendentes, la Presidenta públicamente reconoció que le hubiera gustado nombrar más mujeres. Cualquier observador atento fácilmente pudo concluir que Bachelet mandaba mucho menos de lo que podía. Aunque ella fue responsable de la aplastante victoria de la NM, los partidos ya tenían poder de veto.

 

El caso más reciente de poder no ejercido por Bachelet se produjo a partir de la incontinencia verbal del embajador chileno en Uruguay, el PC Eduardo Contreras. Si bien la imprudencia de Contreras exigía su remoción inmediata, el Gobierno se complicó y no se atrevió a ejercer el poder para enviar una señal clara sobre los costos de la indisciplina al resto de los funcionarios de confianza. Después de que la incontinencia de Contreras pasó sin sanción, la seguidilla de declaraciones, acusaciones y llamados al orden al interior de la NM han sembrado dudas sobre quién manda en la coalición y en La Moneda.

 

Como reacción a esos cuestionamientos, Bachelet repitió una mala estrategia de su primer cuatrienio y, reuniendo a todos los ministros, les hizo un llamado de atención. Sin entender que los que ejercen poder no necesitan montar un show para demostrar que tienen autoridad, el equipo comunicacional de Bachelet reconoció tácitamente que algunos ministros se están mandando solos y que la Mandataria necesita recordarles públicamente quién es la Presidenta. Igual que los padres que pierden el control y les gritan a sus niños que no se olviden quién es el papá, La Jefa necesitó organizar un evento para convencer a la opinión pública que ella es la que manda.

 

Como la Presidenta no quiere que los medios de comunicación ni la oposición la pauteen, las múltiples peticiones por un cambio de gabinete que se escuchan en la plaza política probablemente sólo terminen apuntalando a los ministros más cuestionados. Sin darse cuenta de que no hacer un cambio de gabinete potente cuando todos lo piden es la peor forma de actuar en función de lo que dice la oposición, Bachelet optará por un cambio de gabinete acotado en los próximos meses.

 

Pero incluso el ajuste menor que se viene dejará en claro que el poder lo ejercen más los partidos que ella. Igual que los cambios de gabinete en su primer gobierno, el cuoteo que aplicó en la composición del primer gabinete aplicará también en su primer ajuste. Si sale un ministro PS, tendrán que salir también uno del PPD, PDC y otro del grupo de los socios chicos de la NM. Así, el propio cambio de gabinete será una evidencia más para demostrar que, a menos de un año de haber ganado la votación más alta desde el retorno de la democracia, Bachelet es presidenta con decreciente poder. Porque no lo ejerció cuando pudo y debió hacerlo, Bachelet ahora pierde poder con la misma velocidad con la que cae su aprobación en encuestas.