Sin el PDC, es vieja minoría

Patricio Navia

El Líbero, octubre 24, 2014

 

Es comprensible que el Partido Demócrata Cristiano demuestre preocupación por no tener un candidato perfilado para las presidenciales de 2017. Pero el partido líder del centro político en Chile no debiera estar preocupado respecto al lugar que ocupará a partir de 2018. Independientemente de quién gane la elección, el PDC será parte de la coalición de gobierno. Es más, la clave para ganar la próxima elección está precisamente en qué posición tome  el PDC. Si éste se mantiene en la Nueva Mayoría, será muy difícil que esa coalición sea derrotada en 2017. Si en cambio rompe esa coalición, será imposible para la izquierda mantenerse en el poder.

 

Después de haber sido el partido líder en la recuperación de la democracia y la construcción de nuestro sistema político actual —que, con sus bemoles, sigue siendo el más exitoso en América Latina (aunque no en el fútbol, en desarrollo sí somos campeones)—, el PDC ya no es el partido más importante de Chile. Desde el año 2000 que el PDC no tiene a uno de los suyos en la presidencia. Un candidato PDC lideró a la Concertación a su primera derrota electoral en 2009. La fundación de la Nueva Mayoría estuvo asociada, en buena parte, al intento de mostrar que el centro gravitacional de esa coalición se había corrido hacia la izquierda.

 

En la campaña presidencial, Bachelet implícitamente criticó la doctrina de la gradualidad y pragmatismo que impuso el PDC en los años dorados concertacionistas. Al prometer reformas —y no “reformitas”—, Bachelet subrayó la percepción de muchos en la izquierda que la moderación DC la hace culpable de no ser “ni chicha ni limoná”.

 

Electoralmente, las elecciones de 2013 no fueron las mejores para el PDC. Aunque sigue siendo el partido más grande de la NM (con 21 diputados y 6 senadores), su peso relativo al interior de esa coalición disminuyó respecto al periodo 2009-2013, especialmente en el Senado, donde pasó de 9 a 6 senadores.

 

Pero los porfiados números muestran que, aunque su contingente legislativo es menos numeroso, el PDC sigue siendo el partido más importante en el Congreso Nacional. Sin el PDC, la NM no tiene votos para aprobar iniciativas que requieren mayoría simple. La forma en la que se negoció la reforma tributaria demostró que los cuatro moderados del PDC (Andrés Zaldívar, Ignacio Walker, Patricio Walker y Manuel Matta) son los votos clave en el Senado. Sin ellos, no hay reforma que pueda pasar. Más aún, cualquier reforma que pase será negociada en la forma que ellos decidan. Aunque en la Cámara de Diputados el contingente DC sea más izquierdista y esté más fuertemente alineado con las posturas más radicales del Gobierno, en el Senado la DC representa la voz de la razón, el diálogo y la negociación.

 

En un país donde la clase media es hoy más amplia y poderosa que nunca en su historia, tanto las elites como los sectores populares han perdido peso relativo. Como ya señaló Eugenio Tironi hace casi dos décadas, las elites se sienten amenazadas por la irrupción de una clase media que quiere distribuir mejor el poder. A su vez, los gobiernos ya saben que no basta con satisfacer las demandas de los sectores populares. Como dolorosamente descubrió el ex Presidente Piñera en 2011, si La Moneda aliena a la creciente clase media, los costos políticos son muy superiores que si ignora a los sectores populares.

 

El crecimiento de la clase media ha reducido los niveles de polarización, obligando a los partidos a tomar posiciones más moderadas. Por eso, el centro —que históricamente ocupaba la DC— está más densamente poblado. Tanto la izquierda como la derecha prefieren autodefinirse como centro-izquierda y centro-derecha. Eso ha reducido el espacio electoral que puede cultivar el PDC. De ahí su declive electoral en años recientes. Pero igual que en el negocio de las propiedades, las tres palabras claves son “ubicación, ubicación y ubicación”, el PDC sigue ocupando un espacio clave en el espectro político chileno.

 

De cara a 2017, el PDC enfrenta un escenario de agraz y dulce. Aunque quisiera tener un candidato presidencial propio, el partido que ha ganado tres elecciones presidenciales (dos de ellas con un Eduardo Frei como candidato) no tiene nombres que aparezcan bien prospectados en las encuestas. Ya que las candidaturas presidenciales no se construyen de la noche a la mañana, parece improbable que el PDC logre posicionar a uno de sus camaradas como aspirante competitivo para 2017. Pero la buena noticia para el partido de la flecha roja es que aunque no tenga un buen candidato para sentarse en el sillón de La Moneda, tiene las llaves del palacio presidencial. Sin candidato presidencial, el PDC no podrá llegar solo a La Moneda. Pero sin el PDC, ninguna otra coalición podrá aspirar a remplazar a Bachelet. Por eso, especialmente en la coalición de la que actualmente forma parte el PDC, los partidos políticos debieran aceptar, aunque sea a regañadientes, que el PDC es el partido a cortejar y que será el invitado más importante a la fiesta democrática de 2017.