El trauma del golpe en la derecha joven

Patricio Navia

El Líbero, septiembre 12, 2014

 

nque todos los documentos revisionistas sobre el golpe de 1973 enfatizan verdades inobjetables en cualquier democracia actual —respeto por los derechos humanos y valoración de los acuerdos— la obstinación por tratar de explicar el golpe y exculpar a su sector que se observa en parte de la derecha chilena, especialmente aquella más joven que no llamó al golpe ni participó en la dictadura, es extemporánea e innecesaria.

 

Los partidos políticos no son sociedades de historiadores llamadas a explicar el pasado. Son organizaciones que entregan propuestas para solucionar los problemas actuales del país y para hacerse cargo de los desafíos a partir de una visión ideológica que los diferencia de otros grupos que también aspiran a alcanzar el poder. De ahí que los documentos partidistas que reflexionan sobre las causas del quiebre democrático reflejan una concepción equivocada en la derecha sobre cuál es el rol de los partidos y cuáles son sus tareas.

 

Porque ha sido un asunto que ha dividido a Chile por 41 años, es improbable que cualquier nuevo documento que explique las causas del quiebre democrático cierre ese complejo capítulo de nuestra historia. En tanto, hoy todos los partidos del sistema político están comprometidos con el respeto a los derechos humanos y con la superioridad del régimen democrático (al menos para Chile), de poco sirve emitir documentos que reiteran ese compromiso. La gente espera que los partidos presenten propuestas y difieran intensa y respetuosamente sobre las soluciones para enfrentar los problemas de hoy. Discutir sobre quién tuvo la culpa del quiebre democrático no le soluciona los problemas a las personas. Ver a los políticos jóvenes discutir qué padres ideológicos estaban del lado correcto produce, además, algo de vergüenza ajena.

 

Es verdad que todavía existen heridas abiertas, como casos pendientes de violaciones a los derechos humanos y deudas de reparación a las víctimas. Pero los caminos para solucionar han sido sancionados en acuerdos políticos vigentes, mientras que los desafíos que enfrenta hoy Chile precisan nuevas soluciones.

 

Ahora bien, resultan también inconvenientes las declaraciones de principios que aspiran a convertirse en documentos que explican la historia. El problema no es que la referencia específica al golpe militar y a las causas del quiebre de la democracia que hoy existen en las declaraciones de principios de los partidos de la derecha deban ser modificadas. El problema es que la declaración de principios de un partido aspire a explicar la historia. Las declaraciones de principios debieran explicitar lo que crees y lo que promueves, no la forma en la que entiendes la historia reciente o antigua del país.

 

Parte del problema radica en que muchos de los líderes de la derecha durante las primeras dos décadas de democracia pertenecían a esa generación que participó activamente de las reformas que se hicieron en dictadura. Para ellos, el haber sido parte de un gobierno autoritario constituye una referencia difícil de explicar —y ciertamente imposible de borrar— de sus currículos. Pero en la medida en que la derecha ha visto un recambio generacional, y que los nuevos liderazgos sub-45 ni siquiera tenían edad para votar en el plebiscito de 1988, mejora la oportunidad de que la propia derecha deje atrás el pasado. De paso, también puede renunciar a ese inútil llamado a hacer lo mismo a una sociedad que hace rato ya dejó atrás el pasado y busca con ansias a líderes políticos capaces de hacerse cargo de los desafíos del futuro. Por eso, más que redactar nuevos documentos sobre las causas y consecuencias del golpe, la derecha debería terminar de pasar a retiro a aquellas personas que, por su trayectoria, siguen amarrando a los partidos de derecha al legado de la dictadura militar.

 

Las nuevas generaciones de la derecha abrazan sin miedo los principios del libre mercado y promueven la competencia, facilitando igualdad de oportunidades para todos. Ellas no se sienten responsables, ni lo son, por las violaciones a los derechos humanos cometidas en dictadura (ni de las causas del quiebre de la democracia). Como una nueva generación, que tiene derecho a cometer sus propios errores y lograr sus propios aciertos, no debieran seguir atrapadas por los errores y aciertos de la generación anterior.

 

Los chilenos han demostrado repetidas veces en las urnas que quieren políticos capaces de hacerse cargo de los problemas de hoy y de abrir las puertas del desarrollo y del progreso a millones de chilenos que han esperado por mucho tiempo su oportunidad. Para poder construir un futuro creíble y convincente, la derecha necesita liberarse a sí misma del pasado. Para la nueva generación de derecha chilena, renunciar a querer interpretar la historia y pasar a retiro a aquellos que están marcados por su participación en la dictadura militar es un camino más corto, efectivo y razonable que seguir produciendo documentos de bajo impacto y mea culpas insuficientes (pero también innecesarias en lo que a ellos respecta).